—Señor, le dejé el café en la mesa.
Daven acababa de bajar las escaleras hacia el comedor y apretó la mandíbula, molesto por la entusiasta presencia de Arven.
—¿Y tú, Andy? ¿También acortaste tu descanso porque no aguantabas las ganas de volver a trabajar? —Le lanzó la pregunta a Andy, que estaba de pie no lejos de la entrada del departamento.
Andy se puso algo nervioso, pero enseguida sonrió ampliamente.
—Ya estoy bien. El señor Arven dijo que su agenda está llena los próximos dos días. No podía dejarlo solo así, señor.
Daven chasqueó la lengua, fastidiado, aunque sabía que no había forma de detenerlos una vez que se decidían. Sobre todo a Arven, que ya le estaba entregando la tableta de trabajo con las últimas noticias sobre Harold.
—La policía publicó una actualización sobre el paradero de Harold, señor Daven —dijo Arven con un tono que aún cargaba furia. No había olvidado lo que Harold les hizo. Repugnante. Una traición que le ardía en las entrañas. Y aunque Arven quería venganza, Daven no tenía intención de ensuciarse las manos con esos asuntos—. Se confirmó que huyó con varios de sus hombres de confianza. Lo más probable es que ya esté en el extranjero. La policía y la Fiscalía General siguen trabajando para rastrearlo y tomar medidas contundentes.
Daven aceptó la tableta que Arven le ofrecía, aunque sin mucho interés. Había esperado que algo así ocurriera.
—¿Entonces Harold está acaparando los titulares?
Recorrió la pantalla con rapidez, desplazándose por la avalancha de reportajes que dominaban el ciclo noticioso de Solaviz. Las imágenes mostraban manifestaciones y protestas: multitudes congregadas frente al Palacio Municipal exigiendo que Harold rindiera cuentas por políticas que solo habían perjudicado a la gente. Los casos de corrupción, cuidadosamente orquestados por Harold y su círculo cercano, también empezaban a salir a la luz.
Pero el hombre fue un estúpido. No importaba cuánta habilidad se tuviera para tapar la podredumbre; siempre terminaba derramándose.
—Tiene razón, señor Daven. —Arven asintió con firmeza—. La ciudad está revuelta. Todos los canales lo transmiten sin parar. El escándalo de fraude y malversación ya es noticia de primera plana. El señor Chris logró mantener sellado el último proyecto que lo involucra a usted.
Daven se reclinó contra el sofá, con la voz tranquila, casi divertida.
—Si mi nombre vuelve a aparecer en primera plana, no tengo duda de que ellos también sentirán las consecuencias.
Arven entendió a quiénes se refería.
—Por fin la mugre está a la vista de todos, donde le corresponde, y ya no hay forma de frenar el daño. —Daven sonrió satisfecho mientras tomaba la taza de café que Arven le había traído. Le dio un sorbo lento, saboreando la calidez que le bajaba por la garganta.
Con todos los problemas sin resolver que aún lo esperaban, al menos esa mañana podía disfrutar el café con una rara sensación de calma. Quizás porque, por una vez, podía comprobar que Arven y Andy estaban a salvo y de pie a su lado. Para Daven, ellos dos no eran simples empleados; eran sus confidentes más cercanos.


Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad