—No es necesario —interrumpió Arven—. Estoy bien. Solo asegúrense de llevarnos a un lugar más seguro.
El sonido de los perros rastreadores resonó entre el bosque, los ladridos rebotando entre los pinos. Los reflectores barrían el terreno mientras las patrullas avanzaban hacia el bosque con las sirenas cada vez más fuertes.
—¿No me digan que se escapó? —Andy apretó los puños—. Si no me hubieran detenido antes, habría dejado a ese hombre sangrando en el piso.
Daven se mantuvo tranquilo detrás de la línea policial, con la mirada fija en el lugar sombrío donde Harold había estado de pie momentos antes.
—Si Harold logró escapar, no importa qué tan lejos corra, dejó un rastro. Y esta vez no le voy a dar una segunda oportunidad.
Miró hacia Arven, que hacía muecas de dolor. Pero antes que nada, necesitaba una confirmación.
—No olvidaste la evidencia, ¿verdad?
—Ni de broma, señor Daven. —Arven sonrió con gesto adolorido—. Los crímenes de Harold están a salvo en mis manos.
—Bien. Y asegúrate de que paremos en un hospital de camino al departamento. Esa herida tuya se ve seria.
—No tiene que preocuparse por mí, señor. Estoy bien, de verdad.
El sonido de pasos apresurados cortó la noche. Chris Miller apareció, pálido pero con los ojos brillando de alivio.
—¡Daven! —llamó, trotando los últimos pasos antes de detenerse frente a él, sin aliento—. No llegué demasiado tarde, ¿o sí? ¿La policía alcanzó a llegar a tiempo?
Daven lo observó un momento y asintió levemente.
—Justo a tiempo. Aunque imagino que sospechabas que Harold intentaría algo así de sucio.
Chris suspiró, recorriendo con la mirada los restos de la pelea. Los guardias de Harold yacían esposados en el suelo, algunos aún quejándose, mientras otros eran arrastrados a las camionetas policiales.
—La verdad es que no pensé que llegarías tan lejos. Fue una imprudencia, Daven. Si la policía hubiera tardado cinco minutos más...
—No me estarías viendo ahora, ¿verdad? —bromeó Daven con una leve sonrisa.
Chris lo miró con reproche.
—Tienes un humor enfermo. —Pero entonces le puso la mano en el hombro, con orgullo en la voz—. Aun así, tu valentía merece respeto.
—No caí en esta trampa sin una razón —dijo Daven con calma—. Harold necesitaba mostrar las garras. Y ahora todos lo vieron: los medios, la policía, hasta los otros inversionistas van a saber exactamente quién es en realidad.
Chris asintió lentamente, aunque la duda le persistía en la mirada.
—Entonces... ¿cuál es tu siguiente movimiento?

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