—Te va a encantar esto, Chase —dijo Cale entre risas antes de colgar. Momentos después, envió la foto. Al menos ahora sabía algo con certeza: Vanessa Blake no escaparía de la demanda de Althea.
—Estás acabada, Vanessa —murmuró Cale una vez que confirmó que la imagen le había llegado a su hermano.
Al otro lado de la ciudad, lejos de las relucientes torres de Solaviz, el ambiente era distinto. En un cuarto estrecho y mal iluminado, un único foco amarillo colgaba bajo, proyectando un resplandor enfermizo entre la bruma del humo rancio de cigarrillo. El aire era denso, sofocante.
Cale estaba recostado, despreocupado, en una silla de metal, mientras un joven sentado frente a él permanecía con los hombros hundidos y la mirada clavada en el suelo, derrotado.
James Sullivan.
—Sabes por qué estás aquí, ¿verdad? —Cale sonaba tranquilo, demasiado tranquilo, pero el frío que desprendía calaba hasta los huesos.
James asintió débilmente, pálido.
—Yo... por favor, déjame ir. Ya...
—Cállate. —Cale se inclinó hacia delante con la mirada afilada e implacable—. ¿De verdad creíste que nadie sabía todo lo que hiciste con Vanessa? ¿Eres idiota? —dijo con desprecio—. ¿Pensaste que su esposo se iba a quedar cruzado de brazos? Aunque lo dudo, él se da cuenta de quién estuvo limpiándole la mugre a Vanessa cada vez que se ensuciaba a espaldas de Daven.
James tragó con dificultad y apretó los puños sobre las rodillas.
—Yo... ya se lo dije, señor Cale. Lo hice porque amo a Vanessa.
Una risa suave y burlona se escapó de los labios de Cale.
—¿Amor? Interesante. ¿Es amor o es obsesión, Sullivan? Canjeaste tu dignidad por esa mujer.
James guardó silencio y dejó caer la cabeza todavía más.
—No puedo evitar preguntarme —dijo Cale arrastrando las palabras mientras ladeaba la cabeza— si Vanessa siente lo mismo por ti.
—Claro que sí —dijo James—. Ella también me ama. Ya no ama a Daven. Él siempre está ocupado con el trabajo, nunca le presta atención a Va...
Cale aplaudió con exageración, la risa burlona.
—Bravo. En serio, eres un hombre rebosante de confianza.
—¡Pero es la verdad! —respondió James con la voz quebrada.
Cale se acarició el mentón con los ojos fijos en el hombre frente a él, sin disimular el desprecio.
—Si eso es cierto, entonces ¿por qué no estás con Vanessa en este momento?
La pregunta hizo que James gruñera. Le sostuvo la mirada a Cale, desafiante y furioso.
—No me mires así, Sullivan. —Cale acercó la silla, y endureció la voz hasta volverla un filo—. Tienes una hermanita, ¿no? Una chica dulce, estudiando en el extranjero. ¿Sabes lo fácil que sería para mí hacer que su nombre sea el titular de rumores mañana? Una sola mención viral y la prensa le destrozará la vida: novios, escándalos en el campus, fotos viejas. Los medios la van a devorar... a menos que yo diga que no.

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