A la mañana siguiente, Vanessa tenía la cara descompuesta por la furia mientras miraba su teléfono. La noche anterior se había ido a dormir satisfecha, convencida de que por fin había destrozado el nombre de Daven Callister con la avalancha de escándalos esparcidos por todos los medios. Pero esa mañana, todo había desaparecido. Borrado por completo. No quedaba un solo artículo.
—¿Qué demonios es esto? —exclamó con la voz temblorosa—. No... no, eso es imposible —susurró, atónita. No podía apartar los ojos de la pantalla.
La puerta de su habitación se abrió. Theo Blake estaba en el umbral con la expresión tensa y sombría.
—¡Vanessa!
Se puso de pie de un salto y corrió hacia su padre. Tenía la expresión desencajada, la incredulidad nublándole el rostro.
—Papá... todas las noticias desaparecieron.
—¡Ya lo vi! —Tronó Theo, golpeando el bastón contra el piso—. ¡Maldita sea! Esto es obra de Daven. Debe tener contactos muy poderosos, y los está usando para borrar todo.
Vanessa empezó a caminar de un lado a otro mientras el pánico le trepaba por el pecho.
—Pero yo ya había bloqueado todos los canales que pudiera usar para silenciarlo. Me esforcé muchísimo para asegurarme de que cada medio lo publicara. ¿Cómo es posible? La noticia que sacudió la ciudad ayer... esta mañana es como si nunca hubiera existido. Desapareció, así nada más.
Theo gruñó con la mandíbula apretada por la frustración. Pero no podía darse el lujo de perder la concentración. Se acercó a ella con voz firme.
—Cálmate, Vanessa. Si quiere guerra, le daremos un campo de batalla. ¿De verdad crees que tu padre se va a quedar de brazos cruzados?
Levantó la cabeza, con un destello de esperanza en los ojos.
—¿Tú... me vas a ayudar, papá?
Theo suspiró y entrecerró los ojos con determinación de acero.
—Por supuesto. Daven no va a pisotear el nombre de la familia Blake e irse como si nada. Me voy a asegurar de que las noticias resurjan. Aunque tenga que pagar una fortuna a una de las casas de medios más grandes, no me importa. Lo que importa es que el escándalo sobre él, ese escándalo de la amante, no puede morir. Que el público se lo devore. Que su reputación se pudra.
Vanessa se acercó, con incredulidad y un regocijo oscuro en la mirada.
—Entonces... ¿de verdad vas a revivir la historia?
Theo le clavó la mirada.
—No solo revivirla. Quiero que arda más fuerte que antes. Quiero que cada vez que alguien mencione el nombre de Daven Callister, arrastre consigo ese escándalo asqueroso.
Vanessa sonrió con perversidad mientras el alivio y la sed de venganza la consumían.

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