Cale se puso de pie, con el rostro inexpresivo pero la mirada aguda como el cristal.
—Mandé a alguien a investigar. Y acaban de enviarme los resultados. —Levantó el teléfono apenas, señalando que una fuente de confianza le había entregado la información—. No aparecieron solo por las noticias. Les pagaron para acosarla, señorita Grayson.
Josh abrió los ojos de par en par y volteó a ver a su madre, confundido.
—Mami… ¿quién querría molestarte?
Habían olvidado que seguía sentado ahí con ellos. Chris intervino de inmediato, agachándose frente al niño.
—Campeón. ¿No quieres ir a ver a Leo? Seguro te extraña.
—¿Pero Leo no da miedo? —Josh se estremeció, arrugando la cara—. Prefiero ver a Nyu.
—Está bien, entonces vamos a ver a Nyu. Pero primero, ¿qué tal si pasamos por la cocina? A lo mejor encontramos unas verduras para llevarle.
—¡Sí! —exclamó Josh, olvidando su pregunta al instante, con la emoción brotándole de nuevo en la voz.
Cuando Chris se lo llevó y quedaron solo los adultos, la atención de todos regresó a la revelación de Cale.
Chase entrecerró los ojos, fijándolos en su hermano.
—Cale, ¿estás seguro?
Cale asintió con firmeza.
—Sí. Pero todavía no puedo determinar quién dio la orden. Lo que sí sé es que tiene que ser alguien con dinero e influencia.
El silencio se extendió entre ellos, roto solo por el tic-tac del reloj de pared. Hasta que una voz autoritaria lo atravesó.
—No hace falta seguir adivinando.
Todas las miradas se dirigieron hacia la puerta. Daniel Miller, cabeza de la familia, estaba de pie con una autoridad serena que parecía encoger la habitación a su alrededor.
—Papá —lo saludó Chase, poniéndose de pie en señal de respeto.
Daniel entró y recorrió a todos con la mirada antes de detenerse en Althea.
—Ya me encargué de los reporteros, Althea. No van a volver a la escuela ni a molestarte, al menos por ahora.
Althea inclinó la cabeza.
—Gracias, señor Miller. Yo… en serio no sé qué habría hecho sin todos ustedes.
Daniel le sostuvo la mirada, sin parpadear.
—No tienes que agradecerme. Lo que necesitas entender es que hay alguien moviendo los hilos detrás de todo esto.
Se le cortó la respiración.
—¿Una mente maestra?
Asintió una vez, con la voz más firme.
—Vanessa Blake.
Althea abrió los ojos como platos. La expresión de Chase reflejó la misma conmoción, e incluso Cale miró a su padre como si hubiera ido demasiado lejos.
—¿Vanessa Blake? ¿La supermodelo? —preguntó Cale, incrédulo.
—Así es.
—¿Pero por qué haría Vanessa algo así? —insistió Cale, todavía envuelto en la confusión.
—Vanessa… —El susurro de Althea tembló, con el corazón latiéndole descontrolado.
Daniel cruzó los brazos y su voz cortó la tensión con una autoridad inquebrantable.
—La verdadera pregunta es… ¿qué quiere exactamente de ti, Althea?

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