Valerio no le quitaba la vista de encima a Erik, observándolo mientras buscaba, acercándose al lugar donde había escondido la cámara, casi podía ver cómo le saltaba el corazón por la garganta.
En su interior, rezaba sin cesar, deseando que no la encontrara, que no diera con ella. Parecía que el cielo no escuchaba sus súplicas, pues Erik encontró otra cámara debajo del asiento. Su rostro se desplomó al instante, mostrando una sonrisa que se veía más fea que una cara de llanto.
Erik examinó la cámara y encontró un montón de fotos de él y Arlet comiendo juntos. Si esas fotos se filtraban, las consecuencias serían inimaginables. Erik borró todas las fotos y extrajo la tarjeta de memoria.
A un lado, Valerio sentía como si le desgarraran el corazón, todo su esfuerzo se esfumaba así de fácil. Si no hubiera sido por su avaricia y por querer seguirlos, esas fotos habrían sobrevivido. ¡La oportunidad de su gran salto a la fama se había esfumado! En ese momento, Valerio se arrepentía amargamente. Pero lamentarse ya no servía de nada.
Después de destruir la tarjeta de memoria, Erik aún insatisfecho, revisó el auto de arriba abajo varias veces, asegurándose de que no había una tercera cámara, antes de finalmente dejarlo ir.
“Tu celular.” Erik extendió la mano.
Valerio lo miró boquiabierto y le dijo: “Erik, no hay nada en mi celular.”
“Veremos.”
“Ese es mi celular personal, lleno de mis cosas privadas, no puedes verlo.” Valerio escondió su celular bajo su trasero.

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