"Está bien." Respondió Luz con suavidad.
"Le pediré a José que te lleve. Asegúrate de tener cuidado en el camino, no te apresures, ¿entiendes?" Irene la instruyó con cuidado.
Valle Oriente·Villa del Paraíso
En el centro del jardín trasero, una esbelta figura se agachaba, luchando con las malas hierbas. Joaquín se acercó al borde del jardín y llamó a la persona que estaba dentro: "Señorita Isabel, la hija mayor de los Monroy ha llegado."
Isabel levantó la cabeza y preguntó: "¿Luz ha venido? ¿Para qué?"
"Viene a buscar a la señorita Arlet para llevársela a casa."
¿Buscaba a Arlet para llevarla de regreso a su casa?
Isabel sonrió, pues Arlet ni siquiera estaba allí, además, no necesitaba ir hasta la villa para buscarla, y si fuera necesario, podría simplemente haber llamado.
"Dile que Arlet no está aquí."
Isabel sabía cuál era su propósito al ir hasta su casa buscando a Arlet, por eso, justo cuando Joaquín se giraba para irse, fue detenido: "Espera un momento."
Isabel sacó su celular y marcó el número de Arlet, pero la llamada fue a buzón de voz.
Maldición, ¿sería posible que Arlet hubiera salido a hacer travesuras diciendo que estaba ahí?
Esa fue la primera reacción de Isabel.
No había otra opción, tenía que sondear las intenciones de Luz; si no era eso, ¿qué pasaría si Arlet realmente estaba en problemas?
Después de darle varias vueltas en su cabeza, Isabel dejó a un lado la pequeña pala y sacudió el polvo de su ropa mientras decía: "Iré a verla."
Luz estaba sin palabras ante la falta de vergüenza de la dama, por lo que dijo: "Supongo que me quedaré aquí esperando."
Isabel se rio para sus adentros a la vez que se decía que Luz era muy ingenua al tratar de jugar esos juegos con ella. ¡Como si no pudiera manejar eso!
"Joaquín, llama a algunos guardias de seguridad para que la saquen. A gente como ella no se le debería permitir la entrada aquí y después de que se vaya, asegúrate de desinfectar el sofá."
Isabel dio sus órdenes y se marchó sin mirar atrás, mientras que Luz se puso roja de ira.
Joaquín se acercó y, de manera cortés, hizo un gesto para que siguiera: "Señorita Monroy, por favor, por aquí."
Luz agarró su bolso y se marchó furiosa, pero justo cuando salía por la puerta, se giró repentinamente, mirando hacia el balcón del segundo piso, donde una figura alta y noble se erguía. Justo cuando estaba a punto de hablar, Joaquín se interpuso ante ella, hablando primero: "Al señor Maximiliano no le gusta que los extraños perturben su vida privada."
Luz sonrió, pero su sonrisa llevaba un toque de amargura.

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