"Mar, soy yo." Renato le susurró al oído y Marina se sintió incómoda al principio, por lo que luchó un poco, pero pronto se relajó, pues ella sabía que aquel día llegaría eventualmente.
"Querida, realmente me gustas mucho. Desde el momento en que te vi, me enamoré de ti. ¿Te quedarías a mi lado?"
El corazón de Marina tembló ligeramente ante su confesión, pues esta la había tomado por sorpresa, pero a su vez la llenaba de alegría, ya que había esperado ese momento durante mucho tiempo y si quería mantener su vida actual para siempre, tenía que estar oficialmente a su lado.
"Sí." Respondió Marina sin pensarlo. Quería jugar a hacerse la difícil, pero temía perder aquella oportunidad.
Renato sonrió y dijo: "Mar, no te preocupes, te cuidaré bien. ¿Quieres quedarte a mi lado para siempre?"
"Sí." Ella aceptó una vez más.
"Mar, eres muy buena. Quiero que hagas algo por mí, ¿estás dispuesta?"
"¿Qué cosa?" Indagó Marina con curiosidad.
"Primero prométemelo." Dijo Renato con una sonrisa, la cual asustó un poco a Marina, ya que sus ojos eran como los de un depredador juguetón, pero luego ella pensó que debía ser producto de su imaginación, porque él era muy caballeroso, por lo tanto, era imposible que fuera ese tipo de persona.
"Estoy dispuesta. Dime, ¿qué es?" Dijo Marina.
"Quiero verte tomar un baño." Dijo Renato con una expresión de resignación y adoración.
Marina sollozaba de dolor, con el miedo presente en sus ojos.
"Déjame ir. Si no regreso a casa pronto, mi familia vendrá a buscarme, y entonces tus acciones serán expuestas. Señor Ríos, seguro que no quieres que tu imagen se destruya así, ¿verdad?" Dijo Marina intentando que la soltara, pero, por desgracia, su pensamiento era demasiado ingenuo, pues alguien como él, ¿no habría preparado todo antes de actuar? Trataba a cada presa con seriedad y precaución, asegurando que nada fallara y pudiendo continuar por mucho tiempo.
"No te preocupes, tu padre no tardará en morir y ese inútil de tu hermano solo pensará que te fugaste. No se preocuparán por ti." Cada palabra que decía, Marina la creía.
"Mi mejor amiga es la hija de la familia Monroy." Marina solo pudo invocar el nombre de Arlet, esperando que él considerara ese punto y la dejara ir, luego continuó implorando: "Si me dejas ir, no diré nada. Te lo suplico."
Renato estalló en carcajadas y apretando su mano en su cabello, Marina gritó de dolor, mientras él decía: "Conozco muy bien cuál es tu relación con la señorita Arlet. Quédate a mi lado obedientemente, y si me haces feliz, tal vez te deje ir."

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