—Eres bastante fuerte. Además, ya estás en el Reino de la Fusión Corporal, por lo que atacar a un Manifestador como yo parece un poco extraño. ¿No te preocupa convertirte en el hazmerreír? Aunque hayas protegido tu aura, existe la posibilidad de que se escape si luchamos. Eso te pondría en peligro ya que el resto podría cazarte y matarte. ¿Por qué no discutimos esto? ¿Qué es lo que quieres? Quizá pueda proporcionártelo sin recurrir a la violencia —propuso Jaime.
No es que Jaime temiera a Frey. Aunque Frey estuviera en el Tercer Nivel del Reino de la Fusión Corporal y sus subordinados fueran Manifestadores de Alto Nivel, aunque Jaime no fuera su igual y decidiera huir, estos demonios no podrían impedir su huida.
Sin embargo, la presencia de Violeta complicaba las cosas. Jaime debía tener en cuenta su seguridad.
Entablar una pelea le dificultaría garantizar su seguridad.
—Sí. Háganos saber lo que quiere. La Secta del Caldero Esmeralda hará todo lo posible por satisfacer sus deseos. Sin embargo, si decide tomar medidas agresivas, no dudaremos en responder con las consecuencias apropiadas —advirtió Violeta mientras se revelaba detrás de Jaime.
Esperaba asustarlos usando la reputación de la Secta del Caldero Esmeralda.
Frey la miró con atención.
—¿Y quién eres tú? ¿Puedes tomar las decisiones en la Secta del Caldero Esmeralda?
Nunca había escuchado hablar de una mujer que ocupara un puesto destacado en la secta, y menos aún del hecho de que Heru tuviera una hija.
—Soy la hija del anterior señor. ¿Puede decirnos qué quiere? Puedo satisfacer sus deseos si no son demasiados —respondió Violeta.
Frey se sorprendió por su respuesta.
—¿No se supone que estás muerta por el veneno? No tenía ni idea de que seguías viva —comentó asombrado.
Había escuchado por casualidad las insinuaciones de Ebenezer sobre las dudosas acciones de Heru. Ebenezer parecía conocer las fechorías de Heru, pero no las había revelado, albergando tal vez intenciones de arrebatarle el liderazgo a Heru valiéndose de ese delito.

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