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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6143

Ciudad Nubesca.

En la cima de las ruinas de la sucursal del Palacio Celestial.

La mirada de Jaime se desplazó con lentitud sobre los escombros a sus pies. Pilares de templo colapsados, altares destrozados, cuerpos fríos tendidos entre la piedra quebrada. Sus ojos no mostraron la más mínima alteración. No había rastro de satisfacción por la retribución en ellos, ni tampoco la actitud salvaje propia de un acto de violencia.

Era como si esta sucursal del Palacio Celestial, el emplazamiento que alguna vez obligó a toda la Ciudad Nubesca a inclinar la cabeza y había erradicado a la Familia Jins, no fuera más que un montón de escombros ordinarios ante sus ojos; sin diferencia alguna de las piedras rotas y la maleza silvestre al costado del camino. Jaime ya había superado el plano del amor, el odio, la ira y la obsesión que encadenaban a las personas ordinarias.

Había avanzado a través del nivel trece, recorriendo inmensas cordilleras de cadáveres y mares de sangre. Lo que yacía ante él en este momento, esta destrucción y matanza, no representaba más que un rastro de polvo en el sendero que aguardaba. Podía apartarlo con un solo gesto.

Viviana permanecía a su lado. Su túnica blanca simple ya lucía manchada de sangre; mechones de cabello se adherían a sus mejillas, y las marcas de las lágrimas aún no se habían evaporado de su rostro. La fatiga remanente del enfrentamiento aun persistía.

Sus ojos bajaron hacia los cuerpos esparcidos por todas partes. Había demasiado en esa mirada. La retribución se había consumado, al igual que la aflicción por la pérdida de su linaje familiar. Y, bajo todo ello, se extendía una sutil incertidumbre sobre lo que aguardaba a continuación.

La retribución había terminado. El odio que había pendido sobre la Familia Jins durante décadas, el peso que la había oprimido a través de incontables días y noches finalmente llegó a su fin el día de hoy. Aquellos discípulos del Palacio Celestial que habían humillado a la Familia Jins y masacrado a sus integrantes, aquellas potencias elevadas del Palacio Celestial que habían tratado a la familia como desecho, se habían transformado en fríos cadáveres. Yacían en el interior de las ruinas de la sucursal del Palacio Celestial de la que alguna vez se mostraron tan orgullosos.

¿Pero qué seguía ahora?

La Familia Jins había desaparecido; sus integrantes habían partido. Solo ella restaba, en la soledad. La gloria y prosperidad que alguna vez les pertenecieron se desvanecieron como un sueño junto con la destrucción de la sucursal del Palacio Celestial. No tenía idea de hacia dónde debía dirigirse desde este punto, o qué se suponía que debía gestionar. Se percibía como si el sendero frente a ella se hubiera desvanecido, dejando tras de sí únicamente un trecho vacío de incertidumbre.

Alzó la cabeza con lentitud y observó el perfil gélido de Jaime. Su voz brotó con suavidad, cargando un sutil matiz áspero y cierta inestabilidad en su interior:

—Jaime, ¿qué planeas gestionar a continuación?

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