—Tienes razón. Si nos convertimos en compañeros de por vida, puedo conseguir tanto a la Secta del Caldero Esmeralda como a ti. Sin embargo, no hay forma de que pueda quedarme en la Secta del Caldero Esmeralda para siempre. ¡Tengo muchas otras cosas que lograr! Las sectas y facciones bajo mi control son mucho más poderosas que la Secta del Caldero Esmeralda. También tengo muchos otros confidentes, así que renunciar a ellos por ti es imposible —dijo Jaime con calma.
La expresión de Violeta vaciló un poco antes de que apareciera un atisbo de decepción.
No esperaba la respuesta de Jaime.
Sus palabras la dejaron muy avergonzada, pero también sirvieron como prueba de que Jaime distaba mucho de ser un individuo corriente.
El hecho de que las sectas y facciones bajo su control superaran el poder de la Secta del Caldero Esmeralda sugería que procedía de un linaje rico e influyente.
Estaba claro que a Jaime no le servían los meros recursos y fuerzas de la Secta del Caldero Esmeralda.
—Lo siento —se disculpó Violeta con torpeza antes de alejarse a toda prisa.
Para aliviar la incómoda situación, Jaime se ofreció:
—No acepté ser tu compañero, pero puedo ayudarte a volver a la Secta del Caldero Esmeralda. Después de todo, ahora soy un discípulo de la secta.
—¿En serio? —exclamó Violeta, sorprendida por la oferta, antes de romper en una sonrisa de agradecimiento—. Gracias, te lo agradezco.
—Se está haciendo tarde, así que deberíamos volver. Si no, el señor Salom podría volver a pensar demasiado las cosas —le dijo Jaime.
Violeta asintió y lo siguió.
Apenas habían dado dos pasos cuando unas figuras de negro les cerraron el paso.
Jaime frunció las cejas y se colocó rápido frente a Violeta en posición protectora. Aunque fue una reacción instintiva, Violeta no pudo evitar una sensación de seguridad al ver sus anchos hombros.
—¿Quiénes son? —preguntó Jaime.
Un hombre con el cuerpo en llamas se adelantó para preguntar:
—¿Eres Jaime Casas?
No era otro que Frey, el demonio que Ebenezer había contratado para matar a Jaime.
«¿No desprecian todos a los demonios en el Reino Etéreo? ¿Por qué se atreven a mostrarse en público?».

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