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El Contraataque de la Exesposa Multimillonaria romance Capítulo 1030

—¡Ya lo sé! No te voy a acusar de ser un pervertido.

A medida que se acercaba la hora del evento, Kiara y Federico se dirigieron a los vestidores correspondientes para cambiarse.

Federico se cambió en un santiamén y se quedó esperando afuera.

Unos momentos después, vio a Kiara salir del vestidor de mujeres.

De inmediato, los ojos de Federico se llenaron de asombro.

A pesar de que toda la Playa Plateada estaba repleta de trajes de baño coloridos y atrevidos, la presencia de Kiara lo dejó sin aliento.

Aunque era un traje de dos piezas, Federico había escogido un diseño que, tal como había prometido, no era demasiado revelador.

Era un conjunto impecablemente blanco de dos piezas, recubierto por una fina y elegante capa de encaje que dejaba entrever la delicadeza de sus hombros; la caída de la falda flotaba con la brisa como las olas del mar acariciando la arena.

Kiara dio unos pasos hacia Federico y agitó una mano frente a sus ojos.

Fue solo entonces cuando él salió de su ensimismamiento.

Kiara soltó una carcajada.

—¿Qué pasó, te quedaste sin palabras?

Federico se aclaró la garganta, tratando de recomponer su semblante serio.

Pero Kiara notó de inmediato que sus mejillas estaban completamente rojas.

Para ser justos, el atuendo era sumamente prudente, cubría a la perfección todo lo que debía cubrir.

Sin embargo, al mirarse en el espejo, la propia Kiara se dio cuenta de que desprendía un encanto sutil y seductor.

Era esa clase de belleza en la que menos es más, y que atrapa mucho más la atención.

Así que la reacción de Federico estaba más que justificada.

El buen gusto de Federico al escoger ropa siempre fue indudable, y Kiara sabía con solo mirar la tela que él se había esmerado en buscarlo exclusivamente para ella.

En cambio, el traje de baño de Federico era de lo más simple y casual.

O mejor dicho, era la pura esencia de Federico.

Era un sencillo bañador tipo bóxer completamente negro, libre de cualquier tipo de estampado o decoración.

Un negro absoluto.

Y, como era de esperarse, llevaba puestos sus impecables guantes blancos, que destacaban a kilómetros de distancia.

Casi parecía que esos guantes blancos eran parte de su anatomía.

Kiara ya estaba tan acostumbrada a ver a Federico con sus guantes blancos que lo veía como algo sumamente normal.

Pero el resto de la gente en Isla de la Luna no compartía su opinión.

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