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El Contraataque de la Exesposa Multimillonaria romance Capítulo 5

—Tu sobrina me estaba robando mis joyas. La agarré con las manos en la masa.

Al escucharla, Bianca saltó a defenderse:

—¡Claro que no! ¡Rosario jamás haría algo así!

—Sí, mami, mi tía tiró todas las joyas al suelo solita... yo no hice nada... Mi tía da mucho miedo...

La niña se puso a llorar dramáticamente.

Ante el teatro de ambas, a Kiara no le quedó más que reírse de coraje.

—¿Que yo las tiré? Agustín, fíjate bien en lo que hay tirado en el piso... ¡Son las joyas que mi madre me dejó antes de morir!

El berrinche de Rosario se cortó de golpe.

Agustín agachó la cabeza para ver el piso; palideció.

—Eres mi marido, llevamos cuatro años casados. Sabes perfectamente lo sagradas que son estas cosas para mí. Además, mírala, trae puesta la gargantilla favorita de mi mamá... Si van a seguir con sus teatros, mejor que venga la policía a investigar.

Dicho esto, sacó el celular para marcar, pero Agustín le agarró la mano con firmeza.

—No hay necesidad de hacer tanto relajo ni de llamar a la policía... Kiara, discúlpame, me equivoqué contigo.

Aunque el tono era conciliador, el agarre sobre la mano de Kiara era amenazante.

—Rosario está muy chica. Aunque marques, la policía no le va a hacer nada. Además, ella ya sabe que hizo mal...

Agustín le echó una mirada significativa a Rosario. La niña, agarrando el rollo, empezó a pedir perdón con voz compungida.

—Perdón, tía, ya entendí que me porté mal. Es que las cosas brillaban tan bonito... Te juro que ya no vuelvo a tocarlas para jugar. ¿Me perdonas?

Viendo cómo estaban las cosas, Bianca le siguió la corriente.

—Ya ves, Rosario está chiquita, ¿ella qué va a saber?

—Exacto, a su edad ya es toda una experta robando y luego se hace la víctima y me voltea la culpa. Con esas mañas, es imposible no pensar en que de tal palo, tal astilla.

—¡Ya, ya estuvo bueno! Dejémoslo así. Kiara, no seas necia, ya suelta esto. De ahora en adelante todos viviremos juntos y tenemos que acoplarnos y tolerarnos...

Luego se acercó un poco más a Kiara y bajó la voz:

—Al final del día Bianca y tú son familia política, te pido que por favor lo dejes pasar por mí.

Kiara lo miró de reojo y dio un paso atrás, marcando su distancia.

—¿Acaso tú pensaste en eso cuando me soltaste una cachetada sin saber qué pasaba?

—Kiara...

Kiara dirigió la mirada hacia Bianca.

Al salir a la calle, la mejilla donde había recibido el golpe todavía le ardía.

Nunca imaginó que Agustín le pondría una mano encima.

Nadie en su vida se había atrevido a levantarle la mano.

Entre más lo analizaba, más rabia sentía. Apretó los mandíbulas para contenerse, pero las lágrimas se le escaparon de todos modos.

Manejando a la deriva, marcó a Cristina.

—Vete preparando a los hombres más guapos del lugar, ¡porque hoy me voy a poner la peda de mi vida!

—¡Hecho! Si hoy no te vas de aquí feliz, te juro que cierro este tugurio todo el año.

Escuchar a su amiga soltar esas barbaridades la reconfortó un poco.

Era insoportable seguir ni un segundo más en esa casa.

Necesitaba urgentemente un desahogo.

Sin embargo, antes de llegar a El Patio de Copas, le entró una llamada.

La pantalla marcaba un nombre. Era Raimundo Pascual.

El padre de Kiara.

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