Capítulo 223 El yate se deslizó lentamente fuera del muelle bajo el manto de la noche.
Vanessa subió a cubierta acompañada por Rafael.
Ahí estaba Natalia, atada de pies y manos, tirada sobre la cubierta. A su lado, dos subordinados la custodiaban.
Al ver que Vanessa se acercaba, Natalia emitió quejidos bajo la mordaza, con los ojos desbordados de pánico y rencor.
—¿Emocionada de verme?
Vanessa le lanzó una mirada burlona y enseguida ordenó a los subordinados que le arrancaran la cinta negra.
En cuanto quedó libre, Natalia estalló en insultos:
—¡Vanessa, te atreviste a secuestrarme! ¿Qué demonios te pasa?
Luego su mirada cayó sobre Rafael, de pie detrás de ella. Al recordar el día y la noche que llevaba encerrada, lo único que sentía era furia.
—Rafael, aunque no seamos hermanos de sangre, después de tantos años juntos deberíamos tener algo de cariño, ¿no? ¿Por qué me haces esto? ¿No te da miedo que mamå se entere y te lo reproche?
—¿Es tu mamá? ¿Por qué le dices así?
Rafael arrugó la frente con repulsión, su voz era fría y desprovista de emoción.
—No tengo una hermana como tú. Me da vergüenza ajena.
Natalia apretó la mandíbula con odio.
Vanessa dio un paso al frente y clavó la mirada en Natalia.
La noche era brumosa.
Bajo la tenue luz del yate, distinguía con claridad el miedo y el odio en los ojos de Natalia, como una fiera acorralada, lista para abalanzarse y destrozarla en cualquier momento.
Era casi ridículo, pensándolo bien.
Ella jamás había hecho una sola cosa que perjudicara a Natalia.
—Natalia, ¿por qué quieres hacerme daño?
Ella la fulminó con la mirada, con resentimiento:
—¡Tú no debiste aparecer nunca! Si no fuera por ti, no me habrían echado de la familia Cisneros.
Vanessa apretó los puños con más fuerza.


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