Capítulo 149 —Alexis.
Natalia salió corriendo de la hacienda tras él. Al verlo, fingió un alivio mezclado con vulnerabilidad.
—Alexis, qué bueno que todavía no te vas. Lo de esta noche no es lo que parece. Déjame explicarte, isi Le tomó la mano en un intento desesperado por apelar al cariño que él siempre le había tenido.
Alexis se volvió hacia ella con una mirada. Al recordar la inmensa vergüenza que acababa de pasar, su decepción se reflejó en sus ojos.
—¡Natalia, ¿se puede saber qué demonios hiciste?!
—le reclamó.
Él se zafó de su agarre con brusquedad, pero ella se apresuró a aferrarse de nuevo, tirando del borde de su saco con actitud lastimera.
—No, claro que no. Alexis, esos videos son falsos, seguro están editados. Soy tu hermana, ¿por qué no me crees?
Alexis tenía la cabeza hecha un lío y ya no soportaba escuchar su voz. Le apartó las manos una vez más.
—Ya basta, no quiero escucharte. Planeaste todo lo de esta noche, ¿o me vas a decir que no fue a propósito? —dijo él—. ¡Somos la burla de todos!
Con una mirada de molestia y apretando la mandíbula por el coraje, dio media vuelta y se fue a paso firme, incapaz de seguir viéndola.
Natalia corrió tras él, suplicando entre lágrimas.
Pero Alexis la ignoró. Subió a su auto sin siquiera voltear a verla y se alejó a toda velocidad.
Natalia apretó los puños con tanta fuerza que le temblaron las manos; la rabia y el resentimiento la consumían por dentro.
"¡Esa maldita de Vanessa!" "¡Voy a sacar a la luz su aventura con Rafael! Lo haré público y me encargaré de arruinarla", juró en silencio.
*** Para cuando regresaron a la sala de la mansión de la Sierra, ya pasaban de las once de la noche.
Vanessa se quedó de pie en medio del recibidor con una actitud ausente. Todo lo que había pasado esa noche le parecía un sueño.
—¿Estás cansada?
Al notar lo distraída que estaba, Rafael se acercó para darle un suave masaje en los hombros y el cuello. Su semblante reflejaba una gran ternura.
—¿Quieres que te dé un masaje? —ofreció él con suavidad.
Vanessa reaccionó y, conmovida por la calidez de su mirada, le dedicó una sonrisa.
—No, no estoy cansada.
De hecho, tras los eventos de la noche, se sentía más bien liberada y de muy buen humor.
Había logrado dos cosas muy importantes.
La primera: anunciar públicamente la ruptura de su compromiso.



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