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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 164

Capítulo 164 Julio en Cartaluz era, sin duda, insoportablemente caluroso.

Al entrar al auto, los recibió una agradable ráfaga de aire fresco.

—¿Tienes tiempo mañana? —preguntó Vanessa tras revisar la hora.

—Sí —dijo Rafael, tomándola de la mano—. Sé que mañana es el aniversario luctuoso de tu mamá. Te voy a acompañar, ya tengo preparadas las cosas para llevarle al cementerio.

—¿Cómo es que te acuerdas? —preguntó Vanessa.

Giró la cabeza, sorprendida, y se quedó mirando su cara atractiva y gentil; los labios le temblaron un poco.

—Lo mencionaste alguna vez y me lo grabé — respondió Rafael con una sonrisa, aunque un destello indescifrable cruzó por su profunda mirada.

A Vanessa se le hizo un nudo en la garganta y sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas; tenía ganas de llorar.

—Gracias por acordarte de eso —dijo ella, esbozando una sonrisa tranquila para contenerse.

Aun así, le costaba asimilar que Rafael fuera a acompañarla al cementerio al día siguiente.

En un principio, no tenía planeado decírselo.

Sin embargo, recordaba que su mamá siempre había querido que, de adulta, encontrara a alguien que la tratara bien y la cuidara.

Aunque Rafael no la amaba, ella sentía que él era esa persona indicada, por lo que deseaba llevarlo para que su madre lo conociera.

Al día siguiente, en el cementerio, Vanessa no podía creer que Rafael hubiera ido con ella. Estaban de pie, uno al lado del otro, frente a la lápida de su madre.

—Mamá, ya me casé —murmuró.

Vanessa observó la fotografía de la lápida, donde su madre lucía joven y dulce, tratando de reprimir la inmensa nostalgia que la invadía.

—Lo traje para que lo conozcas —dijo con la voz quebrada tras un largo silencio—. Se llama Rafael.

Tú ya lo habías visto antes... A partir de ahora él estará a mi lado, así que mi papá y tú ya pueden estar tranquilos.

Cuando salieron de casa, el sol brillaba con fuerza.

Pero para ese momento, el cielo ya se había nublado.

Vanessa sintió que la vista se le nublaba poco a poco, hasta que unas cuantas gotas resbalaron por su cara.

Se limpió las mejillas y se dio cuenta de que estaba llorando.

"Qué torpe soy", pensó.

Se había prometido a sí misma que esta visita a su mamá sería alegre y que no derramaría ni una sola lágrima.

Sin embargo...

Yolanda le había dicho que ella era una hija que solo traía desgracias a sus padres.

Extrañaba muchísimo a sus papás.

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