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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1254

—¿Porque hoy no te llamé ni te mandé mensajes?

Vanessa no esperaba que él la creyera tan pegajosa y dramática. Pero no se enojó.

—No soy tan mezquina. Solo que Leandro tuvo un problema, pero puedo resolverlo, no es nada. Más bien tú, ¿cómo van las cosas por allá?

Recordaba muy bien lo de la noche anterior y no sabía cómo lo estaba manejando Rafael.

Rafael iba sentado en el asiento trasero del auto, con su cuerpo alto recargado en el asiento de piel. Parecía relajado, casi despreocupado, pero tenía la mirada severa e impenetrable.

—Voy a ver a alguien. No podré cenar contigo esta noche. Come bien, ¿sí?

Vanessa sabía que tenía enfrente a unas fieras como los Zárate y no preguntó más. Aceptó y le pidió:

—Pase lo que pase, cuídate.

—Está bien.

Rafael respondió; su tono y su expresión eran de una enorme ternura. No bajó el celular hasta que Vanessa colgó. Levantó la mano, miró el reloj de lujo y volvió a ponerse serio, con una expresión dura.

—¿Cuánto falta para llegar?

—Cinco minutos, señor Cisneros.

—Bien.

Rafael miró por la ventanilla con unos ojos negros, oscuros e indescifrables.

Mientras tanto, Rodrigo llegó al Club Olimpo y entró en el privado. Adentro se respiraba un ambiente tenso y siniestro.

Rodrigo, alto e imponente, entró y vio a Ernesto sentado en el sofá, con el sombrero cuadrado puesto y la mirada clavada en él. Su mirada y su presencia transmitían una autoridad severa y amenazante.

—¡Pensé que no te atreverías a venir!

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