Capítulo 117 Alexis se quedó mirando cómo se alejaba por un momento antes de que entrara una llamada de Natalia.
—¿Cómo te fue hablando con Vane? ¿Sigue aferrada a que me vaya para poder arreglar las cosas contigo?
—Nati, yo me encargo de lo mío con Vanessa, tú no te preocupes —respondió él, frotándose la frente, bastante cansado.
Colgó sin esperar respuesta; la verdad, no tenía ganas de seguir escuchándola.
Aunque ese día ella seguía jurando y perjurando que su viaje al extranjero de hacía tres años había sido culpa de Vanessa...
...por alguna razón, él le había creído a su exnovia.
Presentía que Natalia le estaba ocultando algo.
*** A las ocho de la noche, Vanessa por fin tuvo tiempo libre. Se dio cuenta de que llevaba tiempo sin hablar bien con Rafael. A fin de cuentas, aunque él estuviera interesado en alguien más, seguían estando casados.
Así que decidió marcarle, pero solo escuchó la grabación de la operadora:
"Lo sentimos, el número que usted marcó no está disponible por el momento..." Colgó y le mandó un mensaje.
"¿Estás ocupado? No entra la llamada".
Le mandó un par de mensajes más. Apenas soltó el celular cuando escuchó que tocaban a la puerta.
Se acercó y miró por la mirilla. Al ver que era Itzel, le abrió.
—¿Qué pasó?
—Milagro que hoy no tenemos grabación en la noche, ¿vamos a dar una vuelta? —propuso ella, mirándola con esos ojos grandes, siempre tan guapa y llena de energía.
Últimamente se llevaban bastante bien.
Vanessa no tenía muchas ganas de salir, pero Itzel le insistió tanto que al final terminó cediendo.
La noche en la capital era preciosa, con todas esas luces que le daban un toque bastante romántico a las calles.
El mercado nocturno estaba llenísimo y con un ambiente muy animado. Se la pasaron caminando como dos horas y aprovecharon para comer un montón de antojitos.
Vanessa tenía la suerte de no engordar sin importar cuánto comiera, pero Itzel ya estaba sufriendo porque al día siguiente tenía que salir a cuadro y no quería verse hinchada. Así que la convenció de regresarse caminando al hotel para hacer digestión.
Ya casi llegaban y tuvieron que pasar por una calle bastante solitaria.
Se encontraron de frente con unos tipos enormes que apestaban a alcohol. En un segundo las rodearon.
—Miren nada más qué bellezas... —dijo uno de ellos—. ¿Por qué no nos hacen compañía un rato?
—¡Déjennos en paz!
—¿Qué les pasa? ¡Háganse a un lado!
Vanessa e Itzel empezaron a forcejear con todas sus fuerzas, pero no tenían cómo ganarle a esos hombres. En cuestión de segundos, las agarraron y empezarona arrastrarlas a la fuerza.
—Tranquilitas, que las vamos a tratar como reinas, preciosas... —se burló otro de los sujetos, y se carcajeó.
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