DIÁVOLO II. CAPÍTULO 7. Un amable recordatorio
Y era un recuerdo peligroso, muy peligroso:
“””—¿Exactamente cómo tienen ustedes lazos con la `Ndrangheta? —había preguntado Serena en un susurro, cerca de seis meses antes.
—Digamos que antes de ser la Mamma, Diana Hellmand era una niña muy… curiosa —había murnurado Adriano—. Il diávolo ha existido casi por tanto tiempo como la `Ndrangheta, solo que en un silencio un tanto…
—Perturbador —había terminado Serena por él.
—Exacto. La mayoría de los chicos huyen del monstruo bajo la cama; pero Diana Hellmand es de las que lo buscan para conocerlo en persona. Solo tenía dieciocho cuando se escapó de su casa para encontrar a Il Diávolo, y desde entonces hemos tenido una relación de respeto mutuo.
Aunque era evidente que lo que la Mamma sentía por los Viscontti era mucho más que respeto, porque en el mismo momento en los había visto de nuevo en su rostro se había dibujado una sonrisa luminosa.
—Me dijeron que necesitas ayuda. Que estás buscando firmar una deuda… ¿Puedo preguntar por qué conmigo?
—Porque ellos confían en ti —había dicho Serena con sinceridad—. Y porque cuando se trata de la vida de mi hija, no puedo ponerla en manos de nadie que no sea la más…
—Poderosa —había entendido Diana en un segundo—. Comprendo. Pero ¿entiendes lo que significa una deuda? Significa que la cumpliré hasta mi muerte, pero también significa que pediré algo a cambio.
Serena, la protegida de los Viscontti, había respirado profundamente.
—Lo sé. Y honestamente no sé qué pueda ofrecerte, pero lo que sea…
—No quiero nada de ti —los ojos de Diana habían chocado con los de Adriano—. Pero quizás… si Adriano está dispuesto.
Y él había sonreído con sorna mientras negaba despacio.
—¿Quieres que tu marido me mate, pequeña Hellhound?
—No me puedo casar dos veces, Diávolo, pero eso no significa que no pueda pedir una alianza —había dicho Diana—. Quiero a uno de tus hijos. Quiero que se crie dentro de la ´Ndrangheta. Aceptaré la deuda, a cambio de que Il Diávolo se una a la `Ndrangheta a través de un matrimonio.
—¿Quieres decir en treinta años cuando los hijos que todavía ni tienes sean lo suficientemente mayores para dirigir? —había preguntado Adriano mirándola con curiosidad.
—Exacto, así que mira cuánto tiempo te estoy dando de ventaja —había respondido la Mamma.

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