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Devuélveme lo que es Mío romance Capítulo 15

—¡Jazmín! ¡Haz caso y bájate ya! —rugió Fermín temblando.

¡Esta mocosa malagradecida! ¿En qué momento habían criado a semejante dolor de cabeza? Aunque estaba que se lo llevaba el diablo del enojo, no se atrevió a alterarla más. De hecho, el arrepentimiento lo asaltó; no debió haberle gritado de esa forma.

Todo era paz y armonía. Estaban disfrutando del cumpleaños de su hija mayor con su futuro yerno. Una familia perfecta, hasta que él perdió la paciencia con Jazmín. Siempre la había reprendido de esa manera, pero por alguna razón, hoy la chica había reaccionado al extremo.

—Si bajas de ahí ahora mismo, te juro que papá te dará lo que pidas —cedió Fermín al fin.

Su instinto le decía que la salud mental de Jazmín estaba en el límite. Además, su confesión de un intento de suicidio previo lo había dejado helado.

—Si lo que quieres son acciones, te las daremos, ¡pero por favor baja de ahí! ¡Es peligroso!

Ximena y Patricio subieron las escaleras a toda velocidad hasta llegar al último piso. Con las manos apoyadas en las rodillas y recuperando el aliento, Ximena escuchó la promesa de su padre. Estuvo a punto de perder la máscara de niña buena.

Ximena sabía perfectamente de la depresión clínica de Jazmín; había leído su diario y sabía sobre sus deseos de morir. Pero, en los últimos días, su actitud era diferente. Algo en su interior le decía que no saltaría. Si de verdad quisiera morirse, ya lo habría hecho. ¿Por qué esperar hasta hoy y armar semejante circo, justamente frente a Patricio?

Solo de pensar en la imagen que se estaría llevando Patricio de su familia, sentía que le hervía la sangre.

—¡Jazmín, ven aquí!

—¿No ves lo destrozados que están papá y mamá? ¿Es así como les pagas todo lo que te han dado? ¿Cómo puedes ser tan egoísta?

Patricio frunció el ceño y le tomó el brazo a Ximena:

—Ximena, no la provoques con esas cosas ahora.

La intervención de Patricio la trajo a la realidad. Se dio cuenta de que había perdido la cabeza por un segundo; la sola mención de que su padre regalaría sus preciadas acciones la desquició tanto que perdió los modales.

Patricio no era ningún idiota, y ella siempre se había cuidado de mantener una imagen intachable a su lado.

—Perdóname, Patricio. Es que tengo mucho miedo —se excusó Ximena con lágrimas corriendo por su rostro a voluntad—. Jazmín, perdóname. Si te bajas de ahí, te juro que haré lo que quieras. Te lo ruego, ¿sí?

—¿De verdad? ¿Me darías todas las acciones que tienes a tu nombre? —preguntó Jazmín con malicia.

El corazón de Ximena dio un brinco. ¿Así que de eso se trataba el jueguito suicida? ¿Armó todo este espectáculo solo para quitarme lo que es mío? Definitivamente la subestimó.

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