—A simple vista podrán verse decentes, pero en realidad andan por la calle y no sabemos si están enfermos. Si te llegan a pegar algo...
Ximena dejó la frase en el aire, permitiendo que la imaginación hiciera lo suyo.
De no ser porque el hombre con el que se acostó esta noche fue Patricio, cualquiera que hubiera escuchado las palabras de Ximena daría por hecho que Jazmín ya estaba contagiada de una enfermedad venérea.
—Pero no parecía enfermo.
Jazmín lo dijo a propósito, mientras su mirada resbalaba discretamente hacia Patricio.
Como esperaba, Patricio frunció ligeramente el ceño.
Al fin y al cabo, a cualquiera le amargaría que lo llamaran un vago o enfermo.
—Las enfermedades no se notan por fuera. Además, alguien que las tiene no andará por ahí diciéndolo. En fin, ten mucho cuidado.
—Si de verdad quieres un novio, yo te puedo presentar a alguien.
—Vale.
Jazmín aceptó de tan buena gana, que Ximena se quedó desconcertada.
—Patricio debe conocer a mucha gente de buena cuna. ¿Por qué no dejas que Patricio me presente a alguien?
—¿Se puede?
Vaya atrevimiento el de Jazmín.
Ella jamás estaría al nivel de la gente con la que se codeaba Patricio.
Pero como tenía que mantener su imagen angelical frente a Patricio, Ximena volteó a verlo y le dijo:
—Patricio, si conoces a un muchacho valioso, ¿podrías tenerlo en cuenta para Jazmín?
Patricio miró a Jazmín de soslayo, y contestó con total indiferencia:
—No conozco a nadie que le quede a su medida, e incluso si lo hiciera, no le presentaría a nadie para que lo arruine.
¿Presentarle a otro hombre a Jazmín para que, por un lado, lo siga chantajeando para llevárselo a la cama y, por el otro, se revuelque con alguien más?
Sí claro, así se creería la reina del mundo teniendo a dos de su lado.
Al escuchar eso, Ximena le apretó suavemente la mano, quejándose con falsa indignación:
—Patricio, pero si es mi hermana... Ah, déjalo, la culpa es mía por ponerte en aprietos.
En seguida miró a Jazmín, y se disculpó tiernamente:
—Jazmín, tu cuñado no lo dijo en serio, no te tomes a pecho sus palabras.
Jazmín sonrió y fijó su mirada en Patricio:
—Tranquila, hermanita, no me ofende. Total, como tú y Patricio aún no se han casado, todavía no es mi cuñado, y por lo tanto, no tiene la obligación de ayudarme.
El rostro de Ximena se tensó, ¿le estaba queriendo decir que iba demasiado deprisa?
Sin embargo, pronto recuperó su buen humor.
A fin de cuentas, la repulsión de Patricio hacia Jazmín la dejaba más que satisfecha.
Vaya locura la suya de esa noche.


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