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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 69

Lisandro venía caminando hacia ella desde la oscuridad. No llevaba su saco puesto y tenía el cuello de la camisa desabrochado.

Al ver que su rostro reflejaba cansancio, Alana fue la primera en hablar:

—Sobre lo del terreno, no tienes por qué preocuparte. Cuando vayamos a hacer los trámites al registro civil, yo...

—Primero contéstame algo —la interrumpió Lisandro, sin darle la menor importancia a lo que decía—. Eres la nueva líder del equipo especial del Departamento de Seguridad Nacional. ¿Es eso cierto?

Ella asintió.

Lisandro soltó una risa amarga.

—Un puesto por el que Yarita se rompió la espalda para intentar conseguir, y tú, en un abrir y cerrar de ojos, te lo quedas como si nada.

De inmediato, sus ojos se volvieron fríos.

—¿Por qué?

No hizo falta que dijera más. Con esa sola mirada, ya la había sentenciado.

Una ráfaga de viento nocturno agitó las hojas de los árboles, como si tocara una melodía melancólica.

Alana frunció el ceño y le sostuvo la mirada, con expresión helada.

—¿Acaso sabes que hace un momento Yarita tuvo un ataque de ansiedad y por poco comete una locura? —siseó Lisandro, reprimiendo su furia—. De verdad sabes muy bien cómo destruir a alguien. Fuiste justo donde más duele.

Mientras hablaba, le agarró los hombros con fuerza, mirándola fijamente. Sus labios se curvaron en una sonrisa cargada de resentimiento.

—Creí que solo estabas haciendo un berrinche.

—Pero no... lo tenías todo fríamente calculado.

—Ahora ya lograste hundir a Yarita. ¿Qué hay de mí? ¿Qué tienes planeado? Sientes que te engañé, ¿y cómo planeas cobrártela?

—¿Quitarme el terreno, destruir el Centro de Bienestar Vitalia, hacer que la junta directiva me escupa en la cara y que mi familia me vea como a un parásito?

Alana dejó escapar una risa fría. Ya ni siquiera le quedaban fuerzas para discutir. Intentó soltarse, pero él la sujetó con más agresividad.

—Suéltame —ordenó ella, cortante.

—¿Te duele la conciencia? —se burló Lisandro—. Todavía no termino.

—Quieres arruinarme para que termine rogándote de rodillas, quieres que dependa de ti como antes, que vuelva a ser tuyo y de nadie más.

—Desde que volví a caminar, te diste cuenta de que ya no podías controlarme.

—Tú sabes perfectamente que si yo no hubiera sido un inválido, nunca habrías sido digna de estar a mi lado. Así que tu única salida es usar todo esto para romperme las piernas otra vez, para volver a convertirme en un inútil que dependa de ti.

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