Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 990

—¿Verdad que no quieres a las patrullas buscándote en tu cuarto?

La amenaza de Cecilia funcionó de maravilla.

Izan jamás imaginó que una novata tuviera las agallas para amenazarlo con la policía.

—¡Sale, sale, voy para allá!

La verdad, estaba intentando hacer la tarea atrasada porque de tanta fiesta en el viaje vacacional, ni se acordó de la escuela.

Que ahora le estuvieran exigiendo salir a dar la cara con Cecilia y las demás lo tenía de muy mal humor.

Pero si decía que no, le iban a echar a la policía.

No le quedó de otra más que ir.

Cuando Izan llegó refunfuñando a las afueras de la biblioteca, se topó con todo un grupo de muchachas frente a él.

Se quedó totalmente en blanco.

—¿A todas ustedes las estafaron?

¿De verdad había tantas víctimas?

¿Acaso nadie en ese grupo usaba el cerebro?

—A las únicas que estafaron fue a ellas dos, nosotras venimos de apoyo con Estella.

Izan se rascó la cabeza y trató de justificarse ante Estella y la otra chica por iniciativa propia.

—De verdad yo no fui. Todo el fin de semana estuve fuera de Viento Claro, me fui de viaje con mi novia.

»Si no me creen, chequen mi Instagram, ahí están las fotos de las vacaciones que tomé.

Para probar su inocencia, Izan sacó el teléfono y les mostró sus chats de WhatsApp y las publicaciones en Instagram.

—Me hackearon, y sí, asumo que fue mi error no darme cuenta a tiempo, lo que provocó que ustedes perdieran su dinero.

»Pero pónganse en mis zapatos, soy un pobre estudiante. Me gasté todos mis ahorros en este viaje, de hecho ya voy a tener que meterme a trabajar de medio tiempo para sobrevivir.

»Así que, aunque me da muchísima lástima su situación, yo no puedo pagar los platos rotos por ustedes.

»lo mejor es que vayan a presionar al gerente del parque para que les dé el contacto del intermediario y traten de dar con él.

»Vayan y busquen a ese estafador.

»Y si de plano no pueden... pues ni modo, esta vez les tocó perder. Tómenlo como lección para la próxima, ¿va?

Dicho esto, Izan hizo ademán de irse. Llevaba prisa.

—No es necesario hacer tanto circo. —Cecilia lo interrumpió—. Yo tengo forma de averiguar quién subió el aviso del trabajo.

»Y también de rastrear los pagos del jefe para ver en qué cuenta cayó el depósito.

—Solo es una amiga.

La respuesta de Alba no se hizo esperar del otro lado de la línea.

—Ya quedó. El mensaje ofreciendo el empleo se mandó desde la dirección...

Al escuchar la ubicación exacta que Alba dictó por el teléfono, Cecilia fulminó a Izan con la mirada.

Porque la dirección coincidía a la perfección con el edificio de dormitorios donde vivía Izan.

—Vaya, parece que alguien no me está diciendo la verdad.

Cecilia se le quedó viendo fijamente.

El muchacho tenía toda la pinta de no romper un plato, ¿y se había embolsado a escondidas el dinero que estas pobres chicas sudaron para ganar?

El pánico invadió a Izan, quien se pasó una mano por la cara con desesperación.

—¡Se los juro, yo no mandé ningún mensaje! ¡Si quieren revisen mi celular!

—¿Cómo es posible esto entonces?

—¿Si no fuiste tú, por qué el mensaje salió exactamente desde tu dormitorio y desde tu computadora? —Lo acorraló Cecilia.

Su mirada era tan filosa e intimidante que a Izan se le empezó a cortar la respiración.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana