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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 976

Mireya tomó a Estella del brazo.

El dormitorio era un equipo, y Mireya no quería que Estella se sintiera insegura por su apariencia.

Macarena agregó:

—Soy experta en ponerme guapa, ¡yo también puedo ayudar, puedes usar mis maquillajes!

¡Esa niña sí que tenía dinero!

Al principio, quería ofrecerle regalarle un set completo a Estella, pero temió que eso la hiciera sentir menos.

La mayoría de esas reglas de convivencia social se las había enseñado Marta.

A veces, la misma Macarena no tenía mucho tacto al hablar.

—Gracias, chicas —respondió Estella, conmovida por la amistad de sus compañeras, pero no quería perder tiempo en arreglarse—.

Quiero aprovechar el tiempo que tengo ahora para aprender más cosas. Ya tendré tiempo para arreglarme despacito cuando me gradúe. —Estella sonrió con total sencillez.

Cecilia prefirió no insistir, ya que cada quien tenía sus propios planes.

Pero tanto Mireya como Macarena sentían que, si Estella no se arreglaba ahora, estaba desperdiciando su juventud.

Y también desperdiciando esa hermosa etapa de la universidad.

—Estella, ¿de verdad no te vas a arreglar? ¿Acaso no quieres aprovechar la universidad para vivir un romance apasionado?

Mireya aún tenía muchas ilusiones puestas en el amor.

—¿De qué me sirve un romance apasionado? Yo solo quiero hacer dinero.

Estella tenía la expresión de alguien que había alcanzado la iluminación y dejado los placeres mundanos atrás.

Mireya y Macarena se quedaron sin saber qué decirle.

—Querer hacer dinero no te impide tener novio —argumentó Mireya, sin entender del todo—. Si nos arreglamos bien, ¿no crees que también podríamos conseguir más dinero?

Estella ya no supo qué responder.

Cecilia intervino para calmar a Mireya:

—No le digas nada ahorita, todavía está muy verde para esas cosas. Cuando conozca a alguien que le guste, solita va a querer arreglarse.

Mireya lo pensó y le dio la razón.

La pequeña junta de las cuatro llegó a su fin.

—¿Te refieres a Alan, al que se le reventó un huevo?

Todos entrenaban en la misma base, así que los compañeros de cuarto de Alan ya habían regado el chisme.

A estas alturas, ¿quién no sabía que Alan había perdido un testículo por andar escondiendo un bocado de comida?

Aunque todos sentían lástima por él, no podían evitar que les diera un poco de risa.

Principalmente porque todo había pasado de forma muy dramática.

Los compañeros de cuarto de Alan, que también habían escondido panes con él, fueron sancionados.

Ellos, por su lado, habían forjado una hermandad inquebrantable con Alan.

Aunque les habían puesto un reporte, al menos no les había ido tan mal como a él.

Solo tenían que comparar las situaciones para saber lo suertudos que eran.

—Sí —asintió Cecilia, sin ocultarlo.

Con lo lista que era Martina, era bastante normal que lo hubiera adivinado.

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