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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 941

Cecilia escuchó en el altavoz las críticas al cuarto de Macarena y no supo si hacer un coraje o reírse.

No se esperaba que su compañera de cuarto se hiciera famosa de esa manera.

Pero, por suerte, los demás aún no sabían que Macarena era su compañera.

Al fin y al cabo, el campamento estaba dividido por grupos, así que Macarena solo estaba perjudicando a los suyos.

Sus compañeros estaban estupefactos con Macarena.

El jefe de grupo hasta se tapó la cara con las manos.

¡No querían admitir que conocían a Macarena!

Las compañeras de cuarto de Macarena se quejaron:

—¡Cómo es posible que no sepas recoger ni un poco! Si al menos hubieras arreglado un mínimo tus cosas, ¡no nos habrías puesto en vergüenza a todas!

—Exacto, Macarena, te pido de favor que no te des aires de niña rica ahora que estás en un cuarto compartido.

—¡El jefe de grupo no es tu sirviente, deberías tenerle un poco de respeto!

—Ya ni la amuelas con hacer que nos llamen la atención a todas, pero encima ahora nos tocará formarnos al final para ir a comer.

—Qué cruz, ya tengo el estómago pegado a la espalda del hambre. ¿Qué vamos a hacer si los de adelante se acaban la comida?

—¿Por qué me tuvo que tocar en el mismo grupo que alguien que no hace más que estorbar?

Sin importar si decían su nombre o no, Macarena sentía las miradas clavadas en la espalda.

Ella tampoco quería estorbar, pero de verdad no tenía idea de cómo hacer el quehacer.

De haberlo sabido, le habría pedido a su familia que le consiguieran un justificante médico.

—¡Ya no digan más, ya sé que las perjudiqué, perdón! —gritó Macarena a todo pulmón.

Pero sus compañeras no sintieron que ese tono fuera de disculpa; al contrario, les pareció que la niña rica no estaba arrepentida.

Hasta daba la impresión de que sentía que todas le estaban haciendo bullying.

Cecilia no sabía qué estaba pasando del lado de Macarena, pero se imaginaba que no la estaba pasando nada bien.

Todos eran estudiantes, y cuando se trataba del beneficio del grupo, ¿a quién le importaba cuánto dinero tenía su familia?

Por más lana que tuviera, los demás no iban a sacar ningún provecho de eso.

Tratándose de los estudiantes más brillantes de una universidad de primer nivel, era inevitable que tuvieran su orgullo.

Nadie le creyó, porque todos sentían que habían hecho un buen trabajo.

A Lionel le dio flojera seguir discutiendo con esos estudiantes.

—A nuestro escuadrón le toca el quinto turno para comer, ¡así que prepárense!

—Como es su primer día, todavía no se saben las reglas, pero les advierto: tomen su charola y sírvanse solo lo que se vayan a comer. ¡No sean encajosos!

—¡Desperdiciar comida no solo da pena, sino que se castiga!

—¿Quedó claro?

—¡Quedó claro! —En comparación con la voz retumbante del instructor, los jóvenes sonaban como si se estuvieran quedando sin aire.

Lionel se rascó la oreja.

—¿Qué dijeron? ¡Más fuerte, no los escucho!

—¡Quedó claro!

Los estudiantes no tuvieron más remedio que repetirlo, esta vez subiendo el volumen.

Todos querían tragar algo; esa sensación de tener la panza vacía no era nada agradable.

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