Martina fue la primera en salir de su cubículo. Al abrir la puerta, alcanzó a ver el rostro de la chica del flequillo recto antes de que esta cerrara su propia puerta de golpe, bloqueándole la vista.
Martina sintió mucha curiosidad por ella, pero a Vanesa le pareció el peor momento posible. Si Martina no hubiera salido en ese preciso instante y cruzado miradas con ella, habría tenido el camino libre para preparar su ataque.
Lo que Martina no sabía era que esa simple coincidencia la acababa de poner en la lista negra de una asesina.
Al perder su oportunidad, a Vanesa no le quedó de otra que esperar pacientemente a que Cecilia saliera.
Martina esperó a su amiga frente a los lavabos. En cuanto Cecilia salió, la agarró del brazo y la jaló hacia la salida. Una vez en el pasillo, Martina no paraba de mirar hacia atrás.
—¿Qué pasa? —preguntó Cecilia al notar que su amiga estaba alterada.
Martina por fin dejó de mirar por encima de su hombro.
—Acabo de ver a la novia de Humberto en el baño.
Cecilia no entendía por qué le daba tanta importancia a esa chica.
—Pues es normal, ¿no? Todo el mundo va al baño.
—No sé, es que me da mucha curiosidad... y mala espina —murmuró Martina, tratando de ordenar sus ideas.
Tenía un presentimiento extraño. Sintió que justo antes de que la chica cerrara la puerta del cubículo, la miró con un odio y una maldad que le helaron la sangre. Pero ella estaba segura de que jamás había visto a esa chica en su vida, ni le había hecho nada malo. De hecho, apenas cruzaba palabra con Humberto. ¿De dónde venía tanta hostilidad?
El sexto sentido de Martina había detectado el peligro, algo que Vanesa jamás habría previsto. Vanesa solía ser muy meticulosa, pero como Martina no era su objetivo principal, había bajado la guardia por un segundo. Y ese segundo bastó para que Martina la notara.
—Ya, no te estreses, vamos a cenar —dijo Cecilia. Quería ir a la cafetería para que Amelia la viera y supiera que estaba bien.
Antes de doblar la esquina, Martina miró hacia atrás una última vez y vio que la chica del flequillo recto ya había salido y se estaba acomodando la ropa. Martina giró la cabeza rápidamente para que no la cacharan espiando, porque eso sí sería incómodo.
Por su parte, Vanesa también sintió que alguien la observaba. Sus ojos escanearon el pasillo de inmediato, pero solo alcanzó a ver las espaldas de Cecilia y Martina alejándose, junto con un par de estudiantes más. Instintivamente supo que no había sido una mirada al azar.

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