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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1470

—¿Estás diciendo que al fin corrieron a esa señora que siempre andaba con sus tratos especiales? —preguntó Martina con una sonrisa de oreja a oreja—. Ya se habían tardado. A los hombres les daba cuatro o cinco costillas y a nosotras nos dejaba con dos o tres. ¡Si tanto le gustaba servirles a los hombres, mejor se hubiera ido a trabajar a unos baños públicos para lavarles la espalda!

Una chica educada como Martina jamás habría dicho algo tan ácido en circunstancias normales, pero cuando se trataba de defender su comida, ¡se convertía en una fiera implacable!

El asado de costillas de la cafetería era el platillo estrella, quienquiera que lo preparara tenía unas manos benditas. Especialmente las costillas agridulces; tenían el toque perfecto de acidez y dulzura, la carne se deshacía en la boca y el jugo estaba lleno de sabor. A Martina le encantaban tanto que a veces pedía doble porción.

Pero la señora de antes... Cuando Martina le pedía dos porciones, la mujer le ponía tres pedazos en un plato y dos en el otro, mientras que al chico que iba detrás de ella le llenaba el plato con cinco costillas enormes por una sola porción.

Esa vez, Martina no armó un escándalo de inmediato. Simplemente le pidió al chico que la esperara un segundo. Como ella era bonita y educada, el muchacho no se negó.

El siguiente en la fila era otro estudiante varón. La señora le sirvió cuatro pedazos jugosos.

Martina le pidió a él que también esperara, diciendo que estaba haciendo una investigación social.

Luego pasaron un tercer chico y una chica. El chico recibió cinco costillas; la chica, tres miserables pedazos.

Martina no aguantó más. Le reclamó a la señora frente a todos, preguntándole por qué a las mujeres les daba dos o tres pedazos y a los hombres cuatro o cinco. ¿De dónde sacaba el descaro para hacer esas diferencias?

Para rematar, Martina había grabado con su celular el momento exacto en el que la señora sacudía el cucharón a propósito para que los trozos de carne cayeran de vuelta a la olla y solo quedaran tres en el plato de la chica.

—Señora, ¿no cree que está muy mal hacer diferencias entre hombres y mujeres? —la confrontó Martina.

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