Desde temprano, el doctor Acosta había estado insistiendo para que volviera a Villa Solana. Elías Acosta ya había regresado a casa hacía tiempo, y el doctor sabía perfectamente cuándo comenzaban sus vacaciones.
La necesitaba con urgencia en el laboratorio para que ayudara. El medicamento anterior ya había superado la primera fase de pruebas y ahora entraba en la segunda etapa.
Estaban convencidos de que, con el apoyo de las sesiones de acupuntura de Cecilia, el medicamento alcanzaría una eficacia mucho mayor.
Hoy en día, Lautaro no era el único paciente que se había ofrecido voluntariamente para este ensayo clínico; se habían sumado otros dos pacientes con cáncer óseo.
El doctor Acosta estaba que se mordía las uñas por involucrar a Cecilia en el proceso.
Y para colmo, le había vuelto a llamar esa misma mañana.
Cecilia ya no tenía cómo decirle que no.
Así que se comprometió a darse una vuelta por la tarde.
Después de dejar a Josefina en su casa, Cecilia se dirigió directamente al hospital.
Fue directo al edificio de laboratorios.
El doctor Acosta ya le había avisado que estarían trabajando allí.
El doctor Calvo la estaba esperando ansioso desde hacía rato.
Al verla llegar, se acercó a recibirla a toda prisa.
—Cecilia.
—Doctor Calvo —lo saludó Cecilia con una cálida sonrisa—.
—Doctor, ¿por qué tiene unas ojeras tan marcadas?
Fabio esbozó una sonrisa cargada de frustración:
—La segunda fase del experimento ha entrado en un punto muerto.
—Si no fuera por eso, el doctor Acosta no te habría apresurado tanto para que volvieras.
—Quiere ver si se te ocurre alguna solución.
—Es muy probable que nuestra visión esté demasiado limitada por la medicina convencional, pero como tú eres experta en medicina natural, tal vez puedas encontrar un camino diferente.
—Además, tu técnica de acupuntura no es algo que cualquiera pueda replicar, lo que significa que el medicamento no está logrando el cien por ciento de su efecto. El doctor Acosta sigue buscando una alternativa para suplir eso.
Mientras la guiaba hacia el interior del laboratorio, Fabio le iba actualizando sobre el progreso del equipo.
En cuanto Cecilia cruzó la puerta, todos dejaron lo que estaban haciendo para saludarla.

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