—Está bien, entonces ve tú primero a pedir su consentimiento.
Cecilia notó la expresión de asombro en el rostro del doctor Ramírez. Sabía perfectamente lo que él estaba pensando.
Sin embargo, no tenía la más mínima intención de hacerle el trabajo sucio.
Simplemente fingió no entender adónde quería llegar.
Al ver que Cecilia no mostraba ninguna emoción, el doctor Ramírez asumió que no había sido lo suficientemente claro.
Así que, tanteando el terreno, le preguntó: —Doctora Ortiz, ¿podrías ir tú a mencionárselo, por favor?
—Después de todo, se trata de una clase demostrativa, y ya hemos tenido casos de pacientes que se niegan.
—Tú ya tienes confianza con él. Si se lo pides tú, lo más seguro es que acepte de inmediato.
En realidad, aunque aquel paciente de apellido Lautaro se pasaba los días sonriendo como un abuelo bonachón, tenía un carácter bastante difícil.
El doctor temía que, si iba él mismo, el anciano se negara en rotundo.
Si Cecilia abría la boca, todo fluiría mucho mejor.
Cecilia miró fijamente al doctor Ramírez. El hombre tendría unos treinta años, o a lo mucho cuarenta si se cuidaba bien.
Y vaya que era calculador.
Aunque, para ser justos, tenía motivos para ser orgulloso.
Después de todo, era el discípulo directo de los alumnos de Teodoro.
Pero a Cecilia le fastidiaba que intentaran usar esos jueguitos mentales con ella.
Para empezar, ni siquiera lo conocía.
Fabio Calvo se lo acababa de presentar hacía un momento, ¿por qué tendría que hacerle favores?
En este mundo no existía semejante lógica.
Con una media sonrisa, Cecilia lo miró a los ojos: —Doctor Ramírez, precisamente porque Lautaro y yo nos conocemos, no puedo ser yo quien se lo pida.
—De lo contrario, ¿no parecería que me estoy aprovechando de lo que he hecho por él para obligarlo?
El doctor Ramírez resopló internamente. *¿Qué gran favor le podrías haber hecho tú? ¿Acaso su médico principal no es el doctor Acosta?*
Él estaba convencido de que la participación de Cecilia en este proyecto no era más que un favor para adornar su currículum.
El papel que la medicina natural podía jugar en el tratamiento de un cáncer óseo era sumamente limitado.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana