Renata también captó perfectamente la indirecta de Cecilia.
Su rostro pasó del rojo al blanco en cuestión de segundos.
Jamás imaginó que Cecilia se atrevería a hablarle de esa manera.
¡Se había pasado de la raya!
La familia Ortiz ya estaba en la ruina, y a Cecilia la habían echado a la calle hace mucho tiempo.
Sí, había sido el primer lugar en el examen de admisión, pero ¿cuántos primeros lugares no entraban a la Universidad de Viento Claro cada año? ¿Acaso todos terminaban siendo multimillonarios?
Renata estaba convencida de que, por muy inteligente que fuera Cecilia, no llegaría tan lejos.
Lo más probable es que al graduarse terminara como una simple empleada en alguna empresa cualquiera.
Mientras que ella ya no estaba en la misma línea de salida que Cecilia.
Una sería la jefa y la otra la empleada; una, la niña de sociedad, y la otra, una simple esclava corporativa. ¡No había punto de comparación!
—Ceci, yo no tengo ningún problema contigo, de hecho he sido súper amable, ¿por qué siempre tienes que buscarle tres pies al gato y pensar lo peor de mí?
—¿En serio soy yo la que piensa mal de ti? —Cecilia la observó con una sonrisa cargada de ironía.
A Renata le tembló la mirada, incapaz de ocultar su nerviosismo.
Era cierto que tenía intenciones venenosas, pero ¿quién en su sano juicio lo admitiría en voz alta?
¡No era estúpida!
—Ceci, la verdad es que no tenemos por qué estar peleando así. A fin de cuentas, cuando te gradúes de la Universidad de Viento Claro, vas a tener que buscar trabajo, ¿no?
—Somos amigas. Si algún día lo necesitas, con que yo le diga una palabra a mi papá, él te contratará sin pensarlo.
Cecilia miró a Renata como si estuviera viendo a una persona con las tuercas sueltas:
—Creo recordar que no es la primera vez que escucho un discurso como este.
—Pero por favor, no trates a los demás como si fueran idiotas.
Las palabras de Cecilia fueron más que directas.
Renata no tuvo valor para decir nada más y, arrastrando a Leticia consigo, salieron huyendo de SUNNY con el orgullo por los suelos.
Al final, Cecilia terminó eligiendo un conjunto de Fin de Año para Josefina.
—Aunque este traje morado es un poco exigente con el tono de piel, con tu tez tan radiante y hermosa te va a quedar espectacular.
Cecilia revisó la etiqueta del precio; no estaba nada mal, diecinueve mil novecientos noventa y nueve pesos.
Al pagarlo con su tarjeta y aplicar el descuento exclusivo, quedó en poco más de trece mil.
Una verdadera ganga.


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