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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1032

La doctora se llamaba Irma.

De hecho, había almorzado con ellas al mediodía.

Al enterarse de que Valentina dudaba si salir o no, trató de animarla:

—Valentina, deberías ir. Creo que te haría bien salir a tomar un poco de aire y despejarte.

—Estar encerrada todos los días en tu casa no le ayuda para nada a tu recuperación —agregó.

—Aunque claro, como eres famosa, si te reconocen en la calle... ¿podría traerte algún problema?

—Si te afecta de alguna manera, entonces haz de cuenta que no dije nada.

Como doctora, su recomendación era que Valentina saliera.

Pero entendía que la profesión de Valentina era complicada y no podía obligarla.

Valentina dudó.

Su mayor temor era que la fotografiaran estando en silla de ruedas y preocupara de más a sus fans.

Y si esas fotos salían a la luz, ¿no le traería problemas a Tatiana?

—Si no te decides, ¿por qué no le marcas a mi tía Tatiana y le preguntas? —sugirió Cecilia.

—De acuerdo. —La verdad era que Valentina sí tenía muchas ganas de salir.

Si no hubiera querido, ni siquiera habría considerado hacer la llamada.

Sentía que salir a tomar un respiro le caería muy bien.

Aunque no fuera para ir a la fiesta, le bastaba con dar un simple paseo.

Valentina llamó a Tatiana, y esta contestó de inmediato.

—Si tienes ganas de ir, ve. No te preocupes por nada. Pero si lo haces sintiéndote comprometida conmigo, ni al caso.

Tatiana no era el tipo de mánager que exprimía a sus artistas.

Explotar su fama no les ayudaba en nada a largo plazo.

Ni siquiera a Valentina pensaba usarla de esa manera.

Porque creía firmemente en que Valentina se iba a recuperar y volvería a triunfar.

Si estando retirada temporalmente para sanar no podía ni tener libertad de movimiento, sería una vida muy miserable.

—Entonces sí voy a ir. Prepárate para lidiar con los chismosos en internet, Tatiana —bromeó Valentina.

Seguro muchos asumirían que su mánager la estaba obligando a ir a eventos solo por ganar dinero fácil.

Y, como siempre, irían a tirarle todo el veneno a Tatiana en redes.

Era un evento pequeño, ni siquiera requería un salón enorme; llegar en traje de gala haría parecer que estaba a punto de caminar por la alfombra roja.

Cecilia llegó a su casa, tomó una breve siesta, se levantó a las cinco, se cambió, se maquilló un poco, ¡y salió!

Manejó su propio coche, un regalo de su tío Cristóbal.

Esa misma casa había sido preparada por su tío Alonso. Sus dos tíos verdaderamente tiraron la casa por la ventana para recibirla de regreso.

La fiesta de esa noche se celebraba en Villa La Luna Plateada.

Villa La Luna Plateada estaba en las montañas, exactamente en el Monte Radiante.

Obviamente no en la cima, sino a media montaña.

Por esa zona abundaban las villas vacacionales, pero la Villa La Luna Plateada destacaba por ser la más hermosa y exclusiva de todas.

También era un lugar muy cotizado para bodas y fiestas de cumpleaños a gran escala.

Enzo había reservado el salón jardín en la terraza superior del edificio principal.

Era en parte al aire libre, y el jardín de la azotea no solo era espectacular, sino que ofrecía una vista envidiable de la ciudad iluminada en la lejanía.

Esa terraza estaba reservada exclusivamente para los clientes VIP.

Y para tener una de esas membresías, se requería haber gastado más de un millón de pesos en el lugar.

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