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¡Cásate conmigo de nuevo! romance Capítulo 63

Serafín miró fríamente hacia adelante: "Clarisa es mi esposa, ¿la familia Román quiere enfrentarse a la familia Cisneros y a mí?", su voz era fría, pero la amenaza y la presión que transmitía helaban la sangre.

Elodia se estremeció, su rostro se tornó terriblemente asustado. Zaira, con una mezcla de resentimiento y aguante, la miró y le dijo: "Mamá, tal vez fue solo mi imaginación, mi hermana no haría algo tan malvado, déjalo así. Por favor, discúlpate con los invitados por mí. Con Sefi a mi lado, estoy bien".

Elodia se fue sin opción, Zaira bajó su mano para intentar tomar la del hombre, pero éste se sacudió la manga y dijo: "Voy a cambiarme".

Aún estaba mojado por lo sucedido, entonces ella solo pudo decir: "Sí, Sefi, ve rápido, no te vayas a enfermar".

Él salió y el chofer lo esperaba en la puerta con un conjunto de ropa de reemplazo que había sacado del coche.

"¿Y la señora?", Serafín no tomó la ropa, frunció el ceño y solo preguntó aquello.

El chofer Nacho se sorprendió: "¿La señora? Supongo que la señora debe estar bañándose y cambiándose".

Serafín entonces tomó la ropa y un sirviente lo llevó a la habitación de huéspedes para cambiarse. Nacho bajó las escaleras, buscó a un sirviente y preguntó rápidamente por Clarisa, pero el sirviente dijo que ella ya se había ido.

Nacho, sorprendido, corrió tras la familia Román, justo a tiempo para ver a Clarisa parando un taxi, subiéndose al vehículo. Entonces, decidió no seguir y regresó en su coche.

...

Fue al día siguiente por la mañana cuando Clarisa vio a Serafín de nuevo. Al salir al pasillo, vio el familiar coche detenido bajo un árbol cercano, él estaba junto al coche fumando, y al verla, apagó la colilla en un bote de basura antes de caminar hacia ella.

Clarisa prefirió ignorarlo y pasó por su lado. Serafín frunció el ceño: "¿No te enfermaste anoche?".

El clima estaba frío, y la noche anterior Zaira había tenido fiebre y, debido a su embarazo, no podía tomar medicinas. Los sirvientes la cuidaron toda la noche y él no pudo desentenderse. Había llamado a Clarisa, pero ella lo había bloqueado en el teléfono, así que no pudo preguntarle cómo estaba.

Clarisa había tenido un poco de fiebre la noche anterior, pero era fuerte y se preparó algo de agua con jengibre y azúcar y ya se sintió mejor por la mañana. Ella se giró con sarcasmo para responderle: "El joven Cisneros ahora viene a preocuparse, ¿no es un poco tarde? Oh, cierto, ahora recuerdo. El joven Cisneros estaba muy ocupado anoche, cuidando a su dulce amada, ¿cómo podría preocuparse por mí? Por suerte, soy como la maleza, no tan delicada como otras damas de alta cuna, ¡pero con una fuerte voluntad de vivir! Estoy muy bien, ¡no te molestes!", dicho eso, se dio la vuelta para irse.

Despacio, soltó su mano.

...

Así pasaron cuatro o cinco días, y Clarisa no había vuelto a ver a Serafín. Ella lo había agregado de nuevo, pero él tampoco había vuelto a contactarla, parecía que ambos habían aceptado una tregua silenciosa.

Ese día, Clarisa terminó su presentación en el Restaurante Sirena, saliendo del agua completamente empapada, entró al vestuario para ducharse y cambiarse, y justo cuando iba a salir, el gerente se le acercó con una sonrisa en el rostro: "Srta. Marín, el señor Salazar, un cliente habitual y amigo del dueño, quisiera invitarla a tomar algo. Sería bueno que le hiciera el favor".

Pero Clarisa frunció el ceño y le respondió con voz fría: "No es parte de mi trabajo acompañar a beber", se dio media vuelta para irse, y el gerente se quedó sin saber qué hacer, cuando de repente alguien se interpuso en su camino.

Era un hombre de unos veinticinco o veintiséis años, vestido impecablemente en traje, con un aire respetable, y no estaba nada mal, pero tenía escrito ‘Soy muy guapo’ en la frente. Sus afectaciones y su intento por parecer despreocupado eran francamente desagradables.

"Entonces, Srta. Marín, me encantó su actuación, ¿qué tal si me hace el honor de acompañarme a cenar? Esto es para usted", movió un juego de llaves de un BMW entre sus dedos, dándole una sacudida y mirando a Clarisa de arriba abajo con una mirada que no dejaba nada a la imaginación.

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