Serafín miraba fijamente esas últimas dos líneas, con los labios apretados.
Ella decía no buscarla, ella le deseaba felicidad.
Pero Clarita, si te llevaste mi corazón, ¿cómo puedo ser feliz?
*
Clarisa había estado bailando toda su vida, por lo que su condición física era excelente.
Un vuelo de veinte horas, para ella, no debería representar un gran desafío.
Sin embargo, por alguna razón, Clarisa, que nunca había sufrido de mareos en aviones, empezó a sentirse mal apenas despegaron.
Vomitó casi todo lo que había comido, sintiéndose exhausta durante todo el viaje.
Afortunadamente, después de un rato, logró quedarse dormida, aunque su sueño no fue tranquilo.
Tuvo una pesadilla, en un ambiente oscuro.
Una figura masculina se acercaba decididamente hacia ella, sus ojos rojizos llenos de reproche.
"Clarisa, ¿adónde piensas ir con mi hijo?"
Ella negaba con la cabeza, pero el hombre de repente le agarró el cuello.
"¿Por qué te vas? ¿No te dije que nunca podrías dejarme, por qué no me haces caso?"
Clarisa temblaba, sin poder respirar, y de repente agarró un cuchillo y lo apuñaló frenéticamente.
La sangre, espesa, comenzó a fluir, y el hombre cayó al suelo.
Ella retrocedió asustada, pero el hombre la agarró del tobillo.
"Clarita, no intentes huir de mí. No podrás escapar, no importa a dónde vayas, te traeré de vuelta."
...
"¿Señorita Marín? Despierte, vamos a aterrizar."
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