La primera presentación del grupo de baile en el Teatro Nirvana fue un éxito rotundo, anunciado en las redes sociales desde hacía medio mes, convirtiéndose rápidamente en un evento del que todos querían ser parte.
Clarisa, sintiéndose en deuda con el grupo de baile y especialmente con Filemón, quien había prometido mantener su secreto, no encontraba las palabras para agradecerle. Filemón, por su parte, le había dicho que la mejor manera de agradecerle era dando lo mejor de sí en la primera presentación, algo que Clarisa tomó muy en serio, decidida a retribuir la ayuda de Filemón y el apoyo del grupo, así como hacer justicia a los años de esfuerzo y sudor invertidos en su pasión por el baile.
Una vez en el escenario, olvidó todo lo demás, sumergiéndose completamente en el momento y en el preciado escenario que tanto había luchado por obtener. Bajo los reflectores, se convirtió en el centro de atención, bailando con ligereza y gracia, sin que su embarazo fuera un obstáculo para su desempeño. Su baile transmitía una energía vibrante, una mezcla de libertad y pasión, representando perfectamente la transformación de una mujer atrapada en un matrimonio sin amor.
Serafín, desde el público, no podía apartar la vista de ella, admirado por la belleza y la habilidad de Clarisa para bailar en su estado. Aunque siempre supo que era hermosa, verla en el escenario, embarazada pero aún así esbelta y grácil, lo dejaba sin aliento. Sin embargo, cada salto y giro le causaba una mezcla de admiración y preocupación.
Estela, sentada a su lado, no tardó en expresar su admiración por Clarisa, señalando cómo, entre todos los bailarines, ella era el foco de atención. Esto despertó en Serafín una urgencia protectiva, un deseo casi irrefrenable de correr hacia el escenario y llevarse a Clarisa lejos de todas esas miradas.
Pero su atención se desvió hacia Estela, quien parecía estar pasando por un mal momento. Al notar su palidez y la forma en que trataba de ocultar su mano, Serafín descubrió que se había lastimado gravemente. Estela, intentando disimular el dolor, no quería interrumpir el espectáculo ni preocupar a nadie, pero Serafín, decidido, la ayudó a levantarse y juntos salieron del teatro, llamando la atención de todos en el silencioso y abarrotado lugar.
Clarisa, desde el escenario, notó su partida, pero mantuvo su profesionalismo, terminando su actuación con aún más entrega, sin volver a mirar hacia el público.
Al finalizar, la ovación fue ensordecedora, un claro indicio del éxito de la noche. Clarisa, al bajar del escenario, fue recibida por Filemón, quien se había vestido especialmente para la ocasión, luciendo un elegante traje que le daba un aire de serenidad y distinción. Con una sonrisa, le entregó un ramo de flores, felicitándola por la exitosa presentación.
"Señor Amador, no solo Clarita merece felicitaciones, todos hemos puesto nuestro esfuerzo en esto. ¿No cree que está siendo demasiado obvio con sus preferencias?", le dijo uno de los compañeros, intentando aligerar el momento con humor.

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