Clarisa movió los labios, su carita pálida.
¿De qué servía seguir esperando a estas alturas?
La espera de estos dos días, cada minuto, cada segundo, se había sentido como una eternidad.
Antes de que oscureciera, aún guardaba la esperanza. Serafín había dicho que volvería, así que quizás en el siguiente segundo aparecería en el patio.
Correría hacia ella, la abrazaría y le diría "lo siento, llegué tarde".
Pero...
Ya había oscurecido, y había pasado la hora a la que prometió regresar.
Con lo avanzada que está la tecnología hoy en día, no podía ser que Serafín hubiera tenido un accidente. Si algo le hubiera pasado al presidente de Estrellas, no estaría todo tan calmado.
Clarisa estaba a punto de decir "sí" cuando su teléfono, que había estado inactivo y oscuro, de repente se iluminó.
Era el tono exclusivo que Clarisa había configurado para Serafín.
Clarisa se tensó, bajó lentamente la cabeza y al ver en la pantalla que realmente decía "esposo", casi no podía creer lo que veían sus ojos.
¿Por qué justo ahora, él llamaba?
Ella incluso tenía miedo de contestar.
"¡Contesta rápido! Veamos qué excusa tiene ese sinvergüenza para no estar aquí comiéndose sus palabras."
Celeste, impaciente, empujó a Clarisa, quien, como despertando de un sueño, temblorosa, deslizó el dedo sobre la pantalla para responder.
"Clarita, lo siento, no pude regresar a tiempo. Vi que me llamaste, ¿te has preocupado?"
La voz de Serafín, mezclada con el soplar del viento, llegó a los oídos de Clarisa.
Se sentía irreal.



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