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¡Cásate conmigo de nuevo! romance Capítulo 295

"¡Es culpa tuya!"

Clarisa se levantó indignada del abrazo del hombre, mirándolo con reproche.

Se apresuró a levantarse torpemente para salir de la cama, con la intención de abrirle la puerta al médico.

Sin embargo, Serafín retiró el brazo que reposaba en su cintura y dijo con voz ronca.

"Espera..."

Clarisa, molesta, replicó: "¿Esperar qué? ¡Si espero más me va a dar pena hasta verme al espejo!"

Dejar al médico esperando afuera era como firmar su sentencia social.

Pero Serafín la sujetaba de la cintura firmemente y le dijo: "Si vas a abrir la puerta ahora, ambos vamos a quedar peor."

Mientras hablaba, su mano grande apretó la cintura de Clarisa, acercándola un poco más a él.

Clarisa enseguida sintió la tensión en el cuerpo de él y bajó la mirada, sonrojándose.

El hombre llevaba puesto un pijama de hospital fino y amplio, y su virilidad se marcaba aún más pronunciada.

Parecía que la simple mirada de ella lo estimulaba, haciéndolo aún más prominente.

Clarisa, como quemada por el fuego, se quedó paralizada sobre él con el rostro ardiendo, mordiéndose los labios y preguntó:

"Pero si estás herido, ¿cómo es que aún...?"

"No es allí donde me herí", respondió Serafín con total convicción.

Si ella se sentaba sobre él, llorando y haciéndole mimos, sería un problema si él no reaccionara.

Clarisa se quedó sin palabras, y rápidamente tiró de las sábanas para cubrirlo.

"Apúrate..."

Apartó la mirada, instándolo a calmarse, evitando el contacto visual con él.

Serafín, viendo cómo ella se sonrojaba y se irritaba, sintió una nueva tensión en su vientre.

Esas cosas a veces no son tan simples como uno desearía, especialmente cuando se trata de la mujer que amas.

Una expresión de resignación cruzó su rostro mientras acariciaba la cabeza de Clarisa y dijo:

Clarisa todavía estaba preocupada por las heridas de Serafín. Respiró hondo y salió del baño.

"La herida está sanando bien, afortunadamente el cuchillo solo rozó el órgano. Pero estuvo cerca de atravesarlo, así que, Sr. Cisneros, tiene que descansar más en cama para evitar que la herida se abra de nuevo o se infecte."

El médico miró a Clarisa mientras hablaba, y ella tuvo que mantener la compostura, aunque no pudo evitar sonrojarse.

Sentía que el médico la estaba advirtiendo.

"Además, perdió mucha sangre, así que la familia debe cuidarlo bien, darle comidas nutritivas para recuperar la sangre. Ah, y los resultados de la angiografía también deben estar listos, iré a revisarlos en un momento. Si no hay problemas, no hay de qué preocuparse."

Clarisa, muerta de vergüenza, respondió rápidamente:

"Yo iré por ellos."

Dicho eso, salió apresuradamente de la habitación, al verla escapar hizo que Serafín esbozara una sonrisa, diciéndole al médico.

"Gracias por su trabajo, doctor."

Una vez que el médico se fue, la amabilidad en el rostro del hombre desapareció de inmediato y la atmósfera de la habitación se tornó tensa

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