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¡Cásate conmigo de nuevo! romance Capítulo 195

La voz de Serafín era obviamente muy suave, pero el corazón de Clarisa pareció ser golpeado por algo y se agitó salvajemente con una sensación amarga y dolorosa.

Ella lo miraba fijamente, con los ojos llenándose de lágrimas sin poder controlarlo.

Quería girar la cabeza, no quería mostrarle más su vulnerabilidad.

Pero la mano de Serafín, que había estado en su barbilla, ahora sostenía su rostro delicadamente, impidiéndole huir.

Las lágrimas de Clarisa caían, una tras otra, salpicando los nudillos del hombre, penetrando en la palma de su mano.

"No llores, no llores, perdóname, todo es mi culpa..."

Sus lágrimas eran tibias, pero Serafín sentía que quemaban, como si cada una cayera directamente en su corazón.

Pensaba en el video que Mariana le había enviado de camino a casa.

El video mostraba el caos que había en la piscina en ese momento.

Vio que después de que él se llevó a Zaira, la piscina quedó en silencio, Clarisa no había salido a la superficie por sí misma.

Y luego vio que fue Damián quien se zambulló para rescatar a Clarisa.

En ese instante, su rostro estaba pálido, los ojos cerrados, y todo su ser parecía inerte y sin aliento.

Fue Damián quien la puso en posición horizontal para darle los primeros auxilios, y solo entonces ella tosió violentamente el agua que había tragado.

Cuando abrió los ojos, su mirada estaba roja y perdida; había estado a punto de ahogarse.

Casi se ahoga frente a sus ojos, y él ni siquiera se había dado cuenta.

No pudo terminar de ver el video, apagó el teléfono de golpe, sin atreverse a mirar más.

No quería imaginar qué habría pasado si Damián no se hubiera lanzado al agua; ella podría haberse hundido para siempre...

En ese momento sintió un pánico y un miedo como nunca antes, y deseó poder castigarse a sí mismo.

Ahora, viendo a Clarisa llorar sin poder evitarlo, el corazón de Serafín se retorcía de dolor y confusión.

La abuela Mariana no se había equivocado, Serafín todavía le importaba, no había ignorado su vida.

Incluso cuando estaba a punto de ahogarse en aquel entonces, Clarisa no había llorado así.

Pensó que todo eso ya había pasado, pero no imaginó que todo el rencor y la tristeza, no se habían disuelto por su fortaleza, sino porque pensaba que nadie le tenía compasión y se había hecho la fuerte.

Pero ahora que habían llegado tan lejos, no debería anhelar ni un poco de ese cariño.

El afecto que Serafín mostraba en ese momento, no era más que el cariño hacia una hermana.

De pronto, Clarisa mordió con fuerza el pecho de Serafín, justo donde estaba su corazón.

Él se tensó por un momento, pero luego se relajó.

Dejándola desahogar su ira como una pequeña fiera dolida, mordiéndolo con fuerza.

Después de un rato, ella aflojó sus labios y dientes, y Serafín exhaló un largo suspiro.

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