Para su enorme sorpresa, poco después de que su muestra de sangre ingresara a la base de datos, se encontró una coincidencia con su padre biológico.
El hombre llevaba años buscándola incansablemente, y apenas hacía dos días habían logrado reunirse.
Pero lo que la dejó completamente sin aliento fue descubrir que su padre biológico no era cualquier persona: se trataba de Gonzalo, el imponente magnate del Grupo Vanguardia, la segunda empresa inmobiliaria más poderosa de Solsepia, solo por detrás del Grupo Muñoz.
Y Gonzalo era su verdadero padre.
Gonzalo solo tenía dos hijos varones, ninguna hija. Así que, en el momento del reencuentro, no pudo contener las lágrimas de pura emoción.
El único detalle amargo para Vera fue no poder conocer a su madre biológica, ya que la esposa de Gonzalo llevaba años postrada en cama y no salía de casa.
Pero que de la nada te caiga del cielo un padre multimillonario, y descubrir que eres su única hija mujer... Vera sentía que la suerte por fin le sonreía. De un plumazo, toda su inseguridad desapareció y se sintió invencible.
El mismo día que se reconocieron, Gonzalo le prometió que muy pronto haría el anuncio oficial a toda la familia y que fijaría una fecha especial para un gran banquete de bienvenida.
Para entonces, toda la alta sociedad sabría que Vera ya no era la humilde huerfanita, sino la heredera legítima del Grupo Vanguardia.
Solo de pensarlo, a Vera le brillaban los ojos de una emoción incontenible.
De hecho, ya no había podido callarlo más y se lo había confesado a Melina.
Melina, por su parte, ya llevaba tiempo dándole vueltas a quién sería la mejor opción para Diego una vez que se divorciara de Amaya.
Y ahora, si Vera volvía a su verdadera familia, su parentesco como primos con Diego desaparecería legalmente.
Desde esa perspectiva, ¡hacían la pareja perfecta!
Claro, Vera tenía un hijo de otro hombre, pero eso era un detalle menor. Ese niño sin padre reconocido podía enviarse a un internado o un orfanato discretamente en el futuro, y no sería ningún obstáculo para la felicidad de la pareja.
Además, Melina siempre había notado la conexión que tenían Diego y Vera desde niños. Eran el uno para el otro; solo faltaba que cruzaran la línea.


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