Las pupilas de Diego temblaron violentamente.
Al segundo siguiente, soltó a Vera, arrebató el teléfono de sus manos y se quedó petrificado, como si le hubieran lanzado un hechizo. Todos los músculos de su cuerpo se tensaron al máximo.
Lo que Vera le había mostrado era una prueba de ADN.
Una entre él y su hija.
El resultado en la última página era demoledor: indicaba claramente que él no era el padre biológico de la niña.
Al leer aquellas palabras, la vista de Diego se nubló, su cuerpo comenzó a temblar sin control y sintió que caía en un pozo de hielo. Fue incapaz de reaccionar durante largo rato.
Vera, aprovechando el impacto, fingió reponerse y se sentó con dificultad. Su voz sonaba débil y asustadiza, pero pronunció cada palabra con una claridad venenosa.
Cada sílaba era como un puñal clavándose lentamente en el corazón de Diego:
—La última vez que Melina y yo fuimos a buscar a la hija de Amaya, fue para obtener una muestra de su ADN y compararla con la tuya.
—La verdad es que la tía Josefa sospechaba desde hace mucho que esa niña no era tuya. Decía que no se parecía en nada a ti.
—Así que fuimos a hacer la prueba y... los resultados no mienten. No es tu hija biológica.
—Diego, ¿de verdad creías que Amaya era una santa en comparación conmigo? Ella te traicionó desde hace tiempo, hasta te hizo criar a la hija de otro.
—¿Ahora entiendes por qué ha hecho tanto escándalo exigiendo el divorcio?
Vera aprovechó la oportunidad para descargar todo el veneno que llevaba guardado, escupiendo las palabras una por una.
Diego la miró fijamente, con el cuerpo rígido y paralizado, sintiendo cómo su corazón entero se resquebrajaba.
Vera se secó unas lágrimas falsas:
—Sé que algunas cosas que te diré sonarán increíbles, pero es la verdad.
—No traicioné a Romeo por gusto... Fue mi primo Dante Ramos. Fue a buscarme a Aquilinia y me obligó a acostarme con él, amenazando con matar a Romeo si me negaba. No tuve opción, tuve que ceder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta