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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 301

Diego Muñoz le lanzó una mirada fulminante a Vera Ramos, su frustración y enojo eran más que evidentes.

—Dime, ¿qué clase de chismes te estás inventando ahora en plena madrugada?

El descontento de Diego hacia Vera se había ido acumulando en su interior durante días.

Especialmente durante el tiempo que había estado confinado en esa habitación de hospital, su mente no había dejado de repasar una y otra vez todo lo que había ocurrido antes y después de que Amaya diera a luz.

Si Vera no se hubiera caído el mismo día del parto de Amaya, provocando que tuvieran que hacerle una cesárea de emergencia, él no se habría quedado en Aquilinia. Habría regresado ese mismo día para estar al lado de su esposa.

Y después, durante la recuperación posparto de Vera, ella se había vuelto insoportable. Un día decía tener pesadillas terribles, al siguiente amenazaba con quitarse la vida por una supuesta depresión posparto, y se la pasaba llorando, suplicándole que no la abandonara. Por pura lástima y preocupación, él no había vuelto para estar con Amaya durante todo ese mes.

Ahora, pensándolo con frialdad, se daba cuenta de la realidad.

La ruptura de su hermandad con Romeo Ortega y el inminente fracaso de su matrimonio con Amaya tenían muchísimo que ver con Vera.

Y por si fuera poco, ahora Vera había provocado un escándalo monumental con la familia Ortega, dejándole a él la carga de limpiar un desastre tras otro... Si no fuera por el cariño que le guardaba desde que eran niños, ni siquiera le dirigiría la palabra.

Pero, para su sorpresa, Vera sacó su teléfono, abrió un video y le dio reproducir justo frente a él.

Diego, que seguía recostado a medias contra la cabecera de la cama, bajó la vista por puro instinto. Un solo vistazo bastó para que sus ojos se oscurecieran de golpe.

Al segundo siguiente, le arrebató el celular de las manos, con la mirada clavada en la pantalla.

En cuestión de segundos, la expresión de su rostro sufrió una metamorfosis radical: pasó de la confusión a la sorpresa, de la sorpresa a la ira, y de la ira a un odio visceral y descontrolado.

Apretando el teléfono con tanta fuerza que parecía a punto de triturarlo, rugió con los ojos inyectados en sangre:

—Vera... ¿de dónde sacaste este video?

Capítulo 301 1

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