La policía llegó en ese momento.
Se llevaron directamente a Leonor para interrogarla.
Amaya recuperó la compostura y, nerviosa, se aferró al brazo de Saúl:
—Saúl, ¿estás seguro? ¿Reni... de verdad está a salvo?
—No se preocupe, Renata está a salvo por ahora, solo que... —respondió Saúl.
El corazón de Amaya dio un vuelco:
—¿Solo qué, Saúl? ¡Dime ya!
—Se la llevaron Melina y Vera —explicó él—. Ahora mismo están con ella en un bar de karaoke, y me preocupa que el ruido y el ambiente afecten la salud de la bebé.
A Amaya le subió el coraje.
Resultaba que las verdaderas culpables no eran Leonor, sino Vera y Melina.
A Amaya se le endureció la mirada de golpe:
—¡Saúl, Sofía, vámonos!
Los tres no perdieron ni un segundo y manejaron a toda velocidad hacia el karaoke donde estaban Melina y Vera.
En el camino, Amaya recibió una llamada de Beatriz.
Al enterarse de que se habían robado a Renata, Beatriz también estaba desesperada y buscándola por todos lados.
Amaya le contó que Saúl ya había ubicado a la niña y que iban para allá, lo que logró tranquilizar a Beatriz un poco.
Amaya corrió en cuanto llegó y fue directo a la sala que le indicó Saúl.
Ella y Sofía iban por delante, mientras Saúl y ocho hombres fornidos las seguían de cerca.
Amaya abrió la puerta de la sala de una patada.
Adentro, la luz era tenue y el ambiente estaba pesado, impregnado de alcohol, cigarro y perfume. Había hombres y mujeres tomando y en plena fiesta.


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