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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 276

Pero si él cedía esta vez y entregaba a Renata, en el futuro... tratar de negociar con Amaya o intentar ver a su hija sería más difícil que ganarse la lotería.

No iba a dar su brazo a torcer tan fácilmente. Si Amaya quería jugar rudo, él le iba a responder de la misma manera hasta las últimas consecuencias.

Diego dejó la leche en la mesa y se levantó.

—Está bien, iré a ver qué quieren.

Diego caminó hasta la entrada principal y le hizo una seña al mayordomo para que abriera.

En cuanto la puerta se abrió, vio a Amaya parada afuera. Lucía demacrada, con unas enormes ojeras.

Parecía que le habían caído diez años encima en una sola noche.

Diego sintió una punzada de lástima por instinto, pero se obligó a reprimirla.

Esbozó una sonrisa burlona y se dirigió al grupo:

—Vaya, que un asunto personal entre Amaya y yo haga que ustedes tres vengan en persona... me halaga muchísimo. Por lo visto, el trato que tienen con Amaya es bastante especial.

Sofía no se contuvo y le gritó:

—¡Diego, bájale a tu sarcasmo! Lo que estás haciendo es una bajeza total y ya hiciste encabronar a todo el mundo, ¿no te das cuenta?

Diego frunció el ceño, visiblemente furioso:

—Amaya mandó a toda mi familia a la cárcel y todavía no pueden salir, ¿a poco eso no es pasarse de la raya? Y resulta que traer a mi propia hija biológica a pasar unos días a mi casa, ¿eso sí es una exageración?

Sofía ya no pudo escuchar más. De puro coraje apretó los puños:

—¡Diego, estás volteando las cosas! Tus dos hermanas y Vera violaron la ley; que las hayan metido al bote es lo justo.

—Y lo tuyo no es "traer a tu hija unos días", ¡te la llevaste a la fuerza sin el permiso de Amaya! Son dos cosas muy distintas, ¿okay? ¡No quieras revolver el agua!

Amaya observó la cara de descaro de Diego y sintió cómo el corazón se le caía a los pies.

Se dio cuenta de que él no tenía ni la más mínima intención de devolverle a la niña. Apretando las manos, le preguntó con lentitud:

—Diego, no quiero gastar saliva en otra cosa. Si ahorita mismo sacas a Renata y me la entregas, hacemos borrón y cuenta nueva.

El semblante de Diego también se volvió gélido:

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