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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 64

C65- SOY BRAXTON.

Jodie terminó de acomodar las velas sobre la mesa. La botella de vino respiraba en el centro y la luz tenue bailaba sobre la vajilla. Llevaba una bata de seda roja abierta que dejaba ver el conjunto de lencería negro y rojo debajo.

El timbre sonó y su corazón dio un salto, caminó descalza y abrió la puerta.

Elias estaba ahí, guapo como siempre, con el cabello rubio un poco revuelto del viaje, usando una camisa blanca ajustada y esa mirada que la desarmaba.

Él por su parte, la recorrió de arriba abajo y tragó saliva.

—Joder… esto sí que es un recibimiento sexy.

Jodie sonrió, con las mejillas calientes, pero dio un paso, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó. El beso empezó suave, pero Elias la apretó contra su cuerpo y profundizó, mientras sus manos bajaban por su cintura y la pegaban más a él.

Cuando se separaron, él apoyó la frente contra la de ella.

—Te extrañé —murmuró.

—Yo igual… —susurró Jodie.

Entraron.

Elias vio la mesa puesta, las velas, el vino, y se quedó quieto. Se giró hacia ella y le acarició la mejilla con el pulgar.

—Preparaste todo esto… y yo… carajo, no traje nada para ti.

Dentro de Jodie cayó una pequeña decepción, fría y rápida. Y por un segundo pensó en la pulsera que Braxton le había regalado, pero apretó los dientes y se recordó: «Lo amas a él, no a lo que te regala.»

Así que sonrió y le besó los labios.

—No te preocupes, tú eres mi mejor regalo.

Elias la besó y mientras le abrió la bata despacio, besándola con hambre.

—Puedo recompensártelo de otra manera… —prometió.

Pero Jodie detuvo sus manos con suavidad y se apartó.

—Comamos primero, ¿sí? —lo llevó a la mesa—. Preparé salmón al horno con salsa de limón y espárragos.

Elias asintió y se sentó.

Durante la cena hablaron de cosas ligeras, pero la tensión flotaba en el aire. Después, Jodie le trajo una copa de whisky y se sentó a su lado en el sofá, cruzando las piernas.

—¿Y qué tal el viaje? ¿Pudiste cerrar los negocios?

Elias se quedó callado un momento, mirando el líquido ámbar en el vaso.

La verdad es que no había ido a un viaje de negocios. Había ido a buscar aliados. No pudo acceder al código de la caja fuerte de su madre. Pero sabía que solo una persona conoció ese número, el viejo Vittorio Rossi, un tío abuelo que todavía vive en Sicilia. Era alguien de confianza, había sido la mano derecha de su padre, cuando vivían en Italia.

Por suerte el viejo Vittorio, le dio el número y ahora solo necesitaba el momento para acceder.

—Sí —Elias bebió un trago largo—. Fue satisfactorio.

Jodie sonrió y lo besó en la mejilla. Luego dejó su copa y lo miró seria.

—Elias, quiero mencionarte algo.

Él notó su tono y se extrañó. Dejó el vaso también y se recostó en el sofá.

—Ok. Soy todo oídos.

Por dentro hervía: «¿Por qué no lo entiende? Todo esto es por nuestro futuro.»

—Sabés que no es tan simple —respondió, su voz saliendo más dura de lo que quería—. Hay cosas que no podés ver todavía. No todo es blanco o negro.

Tomó su saco del respaldo de la silla y se lo puso, luego la miró.

—Hablaremos mañana, cuando estemos más calmados.

Se dio vuelta y salió del departamento sin cerrar la puerta del todo.

Jodie se quedó sola en medio del living. Apretando los puños hasta que las uñas se le clavaron en las palmas. El pecho le dolía y las lágrimas caían, pero se las secó con rabia y caminó hasta la botella de vino.

Se sirvió otra copa hasta el borde.

Justo cuando llevaba la copa a los labios, su teléfono vibró sobre la mesa. Era un número desconocido, contestó con voz cortante.

—¿Hola?

Del otro lado sonó una voz grave y suave.

—Hola, preciosa…

Jodie frunció el ceño.

—¿Quién eres?

En el ático, Ian caminaba despacio frente a las pantallas mientras hablaba por el teléfono satelital y Braxton, todavía sentado frente a los monitores sonrió de lado y respondió.

—Soy Braxton. ¿Te gustó la pulsera? Cada vez que la mires, quiero que pienses en mí… y en lo mucho que me gustaría verte usándola.

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