C152- ESPEJISMO ROTO
Ian respiraba como un animal herido, sosteniendo la fotografía con dedos rígidos y espasmódicos. Sus ojos inyectados en sangre pasaban del papel a Elias.
—¡¿De dónde sacaste esto?! —rugió, dando un paso al frente—. ¡Habla de una maldita vez!
Elias se presionó con fuerza las costillas heridas, soltando un quejido ahogado antes de poder articular palabra.
Su voz salió arrastrada, rota por el dolor.
—Los encontré por error... —explicó, escupiendo un hilo de sangre—. Yo... yo estaba buscando documentos financieros en la caja fuerte de su oficina privada. Quería sacarla de la empresa, quitarle el control de la corporación Deveraux... pero encontré esa carpeta oculta en el doble fondo. Así que investigué por mi cuenta, fui hasta Italia. Tiré del hilo y di con esos papeles, así descubrí que ella te tuvo a ti antes... antes de casarse con mi padre.
Ian negó con la cabeza de forma violenta, apretando los dientes.
—Estás mintiendo. Mi madre era... ella jamás habría...
—¡Tu madre es un monstruo, Ian! —lo interrumpió Elias, alzando la voz con un resentimiento que le deformó el rostro—. Yo también creí que nuestra familia era perfecta. Mi padre, un respetado empresario francés, un Deveraux con un linaje intachable... creí que se habían casado por amor. Pero todo fue una maldita fachada. Esa mujer es fría, cruel y mala. ¡No tiene una sola gota de humanidad en las venas!
Elias soltó una risa seca, que se convirtió en una mueca de dolor.
—¿Sabes qué hacía mientras mi padre se desvivía por mantener el apellido? Engañarlo, lo pisoteaba. Yo mismo la vi... la vi revolcándose en nuestra propia casa en París con un hombre, un maldito perro muerto de hambre de apellido Voss.
El nombre golpeó a Ian como un rayo en mitad de la tormenta.
«Voss.»
El aire se le congeló en la garganta, sus pupilas se dilataron en un shock absoluto, porque él conocía a Voss.
El rompecabezas de su vida empezó a encajar de una manera tan retorcida que sintió náuseas. Pero la mente de Ian se resistió con todas sus fuerzas, se negó a dejar que la imagen pura, el recuerdo sagrado de la madre que había llorado durante diecisiete años fuera una mentira.
Negó con la cabeza, sintiendo el dolor rompiéndole la voz por completo.
—No... no... —murmuró, sus ojos llenándose de lágrimas—. Mi madre no... ella no era así... No puede ser ella...
Elias se enderezó con dificultad, limpiándose un hilo de saliva y sangre de la barbilla. Miró al hombre poderoso que ahora estaba de rodillas emocionalmente frente a él.
Y supo que era el momento de jugar su última carta.
—Ella te cree muerto, Ian. Cree que su pasado quedó enterrado en Italia hace diecisiete años —dijo, su voz volviéndose oscura y calculadora—. Si quieres la verdad absoluta, tenemos que obligarla a salir de su escondite. Ella controla todo desde las sombras y nunca da la cara, pero yo sé cómo atraerla.
Elias dio un paso hacia él, extendiendo la mano herida.
—Tú quieres respuestas y venganza por tu padre. Yo quiero destruirla. Ayúdame y te entregaré la cabeza de Isabelle Deveraux en una bandeja de plata.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!