C64-SI JODIE ME DA LA OPORTUNIDAD.
Jodie contestó al segundo tono, con una sonrisa que se le dibujó sola en la cara.
—Hola…
Del otro lado, Elias caminaba rápido por el aeropuerto, con el maletín en una mano y teléfono en la otra.
—Hola, preciosa —su voz sonó grave y cargada—. Acabo de bajar del avión y lo único que pienso es en verte. Me muero por tenerte debajo de mí, Jodie. Por besarte entera y hacerte el amor hasta que no puedas ni caminar derecho.
Jodie soltó una risa baja y sensual, mientras las mejillas se le calentaban.
—Yo también te extraño… mucho. Ven pronto, porque ya estoy imaginando todo lo que vas a hacerme.
—Cielos nena… ya quisiera, pero debo ir a casa de mi madre.
La sonrisa de Jodie bajó un poco y su tono cambió.
—Elias, cuando llegues también quiero que hablemos de algo importante.
Él se puso serio al instante.
—¿Pasó algo? ¿Savanna…?
Jodie dejó de sonreír y el golpe fue directo al estómago.
—No. Savanna no sospecha nada.
Elias soltó el aire con fuerza.
—Bien. Nos vemos esta noche. Te quiero.
Colgó.
—Yo también te quiero… —murmuró, mirando el teléfono en silencio y con el pulgar detenido sobre la pantalla.
En otra parte de la ciudad, en un ático, Ian caminaba de un lado a otro con la camisa completamente desabrochada y un vaso de whisky en la mano. Braxton estaba sentado frente a varias pantallas que mostraban números, mapas y transmisiones en vivo. Su camisa azul estaba abierta hasta el pecho, dejando ver el tatuaje negro que subía por su pectoral izquierdo.
Tecleaba a toda velocidad, completamente concentrado. De la nada, Ian dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco.
—¿Te gusta la secretaria de mi esposa?
Braxton no dejó de teclear ni un segundo.
—¿Y qué hay si me gusta? Es linda. Tiene unas piernas de infarto y esos trajes ejecutivos la hacen ver más sexy de lo que ya es.
Ian rodó los ojos.
—Te conozco, Braxton. No te tomas nada en serio. Y ella es la mejor amiga de mi esposa. Si la lastimas, Savanna se va a enojar. Y cuando mi mujer se enoja… yo no recibo nada.
Braxton terminó de teclear, presionó "Enter" y giró la silla para mirarlo de frente. Ahora su mirada era seria, sin rastros del hombre que bromeaba.
—Revisa tu correo hijo de perra —siseó viendo cómo aparecía el mensaje "entregado".
En su oficina Damon bebía café negro mirando la ciudad a través del ventanal. El pitido de su computadora privada lo hizo girar.
Frunció el ceño al ver el remitente desconocido, dudó. Sin embargo lo abrió y en cuanto vio qué era, la taza se le cayó de la mano y se estrelló contra el suelo, salpicando café por todas partes.
En la pantalla aparecieron varias fotos: su hijo Christofer, atado a una silla, con el labio partido, un ojo morado y lágrimas corriendo por las mejillas.
Debajo de las imágenes, un mensaje corto.
"Tu hijo vivirá si llamas ahora. Si no lo haces en los próximos tres minutos, la próxima foto será la última. Usa el número adjunto."
Las manos de Damon temblaron violentamente.
Su viejo corazón golpeaba contra las costillas como si quisiera salir.
Tragó saliva con dificultad y marcó el número.
En el ático, el teléfono satelital negro vibró sobre la mesa. Ian lo tomó con lentitud y se llevó el aparato al oído con calma.
—Damon… qué gusto oírte —habló con un tono que aunque sonaba amigable, estaba lejos de serlo.
Del otro lado de la línea, el viejo empresario frunció el ceño con fuerza. Esa voz le resultaba conocida, demasiado conocida, pero no lograba ubicarla.
Aun así, un escalofrío le recorrió la espalda.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!