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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 62

C63: LOS NERD NO DEBERÍAN SER TAN GUAPOS.

A la mañana siguiente, Ian abrió los ojos. Savanna lo miraba fijamente, apoyada en un codo, con expresión seria y sin parpadear.

—Buenos días —dijo él en voz baja.

Ella alzó una ceja y se tensó. Se sentó en la cama y su estómago se contrajo, marcando los abdominales duros y definidos bajo la luz de la mañana.

Tragó saliva.

—Savanna, lo de anoche… sé que…

—No estoy molesta por eso —lo cortó ella—. Estaba bebida, pero sabía exactamente lo que hacía.

Ian soltó el aire, aliviado. Pero antes de que pudiera hablar, Savanna continuó, casi en un susurro.

—¿Por qué no confías en mí?

La pregunta lo agarró desprevenido. Sabía perfectamente de qué hablaba, así que se inclinó hacia ella y le acunó la mejilla con la mano.

—Confío —respondió él, mirándola a los ojos—. Es solo que mi vida es demasiado complicada ahora como para meterte en ella, Savanna.

Ella estudió su mirada y vio que no mentía, que él solo la mantenía fuera.

Se acercó más.

—Te juro que no me separaré de ti nunca. Confía en mí.

Ian la abrazó con fuerza y hundió el rostro en su cabello rubio. No era que no quisiera. Era que no podía.

Aún no.

—No puedo. Aún. Pero te juro que cuando pueda… lo haré. Te contaré cada detalle de mi vida, Savanna… te lo diré todo.

Se apartó lo suficiente para mirarla y sus ojos azules brillaban con una intensidad tranquila y profunda.

—No quiero perderte, mi amor. Tú eres lo único real que tengo y no quiero un futuro donde no estés.

Savanna sintió que algo se aflojaba dentro de su pecho, sin poder contenerse lo besó despacio, con todo el peso de esa promesa.

—Está bien —susurró contra sus labios.

Ian cerró los ojos un segundo y sonrió apenas.

—Eso significa que puedo dormir contigo otra vez.

Savanna se apartó y lo miró fingiendo seriedad, aunque una sonrisa amenazaba con escapársele.

—Depende de si… lográs convencerme ahora.

Ian alzó una ceja, entendiendo al instante.

Sin decir una palabra más, la tomó por la nuca y la besó con hambre, luego la giró sobre la cama y se colocó encima de ella, cubriéndola con su cuerpo.

—Te convenceré.

(…)

Una semana después, Ian y Savanna habían vuelto a ser los mismos de siempre. Ella le daba un poco más de espacio, pero él aparecía cada día en la empresa: a veces con flores, otras con chocolates, y casi siempre terminaban haciendo el amor sobre el escritorio.

Y ella se sentía en las nubes.

Esa mañana sonreía frente a la pantalla mientras revisaba los avances del proyecto con Mr. X.

La razón era que los números no mentían.

—Jodie, ven a ver esto —llamó, sin apartar la vista del monitor—. Los datos son increíbles. El crecimiento es exponencial. Dios, no puedo esperar al lanzamiento, de verdad.

Jodie se acercó y sonrió.

—Es así. Va a ser un éxito.

Luego le lanzó una mirada de "te conozco demasiado" y cruzó los brazos.

—Las cosas con Ian mejoraron, ¿no? Te ves… radiante.

Savanna soltó un suspiro largo y feliz.

—Pues sí… estoy mejor que nunca. Y más enamorada también.

Jodie sonrió de verdad por su amiga, aunque por dentro sintió un pinchazo. Elias llevaba cinco días en ese viaje de negocios y apenas le había enviado dos mensajes cortos.

Lo extrañaba.

Guardaba la esperanza de que, cuando volviera, por fin tuvieran esa conversación y formalizaran lo suyo.

En ese momento tocaron a la puerta.

—Adelante —dijo Savanna.

Ian entró cargando un enorme oso de peluche café con un lazo rojo al cuello.

—Ian…

Savanna se puso de pie mirando el lindo peluche y antes de que él llegara al escritorio, ella ya estaba delante de él.

—Es hermoso —susurró, tocándolo.

Ian se inclinó y le dio un beso suave en los labios.

—Te vi mirándolo ayer en la tienda. Supe que lo querías… así que aquí está. Solo espero que no me cambies por él.

«Ya caíste, secretaria sexy» pensó.

Ian se aclaró la garganta.

—Amor, no voy a poder almorzar contigo hoy.

Savanna hizo un puchero exagerado.

—¿Por qué? Quería probar comida japonesa…

Ian la besó en los labios, otra vez, más profundo.

—Lo sé, pero tengo que arreglar unos asuntos con Braxton. Pero… —La besó de nuevo—. Te prometo que estaré para la cena.

Savanna puso cara de niña triste, aunque en el fondo adoraba que la malcriara.

—¿Seguro?

—Lo prometo. Hasta entonces… —Ian señaló al oso—. Él será tu guardián.

Savanna soltó una carcajada.

—Ok, está bien… Pero no te quejes cuando le dé tu lado de la cama. —Se inclinó y le rozó el oído con los labios—. No te tardes…

Ian sintió la sangre arder en sus venas conociendo lo que esa frase implicaba.

—No lo haré. Aquí estaré… Nadie me va a volver a sacar de tu cama.

Savanna sonrió y le dio un último beso y Braxton puso cara de fastidio.

—Listo, Romeo… estoy a punto de tener un colapso por azúcar.

Ian le golpeó el brazo con el puño.

—Mira quién lo dice, el que tardó dos horas en elegir una pulsera.

Ambos se fueron.

Savanna los miró alejarse con una sonrisa en los labios.

Estaba feliz.

Aún no sabía los secretos de Ian, pero estaba feliz.

Mientras tanto, en la sala de copias, Jodie sacó la pulsera de la caja, repasó cada dije con el dedo y, sin darse cuenta, sonrió.

De repente sonó su telefono, guardó la pulsera y miró el identificador.

Era Elias.

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