C1 - ¡ENCONTRARÉ UN MARIDO!
—¡Encontraré un marido!
Arthur Hayes soltó una carcajada cruel.
—¿Tú? Por favor, sobrina. ¿Qué hombre se casaría con una mujer que grita como una histérica cuando la tocan? ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no conozco tu patético trauma?
El comentario golpeó a Savanna como una bofetada y las imágenes regresaron: manos ásperas, respiración pesada, el terror de aquella noche cuando tenía dieciséis años.
Un amigo de su padre.
La fiesta.
La habitación.
Su voz diciéndole que se callara.
—No sabes nada de mí —susurró.
—Sé que cada relación que intentas fracasa porque entras en pánico cuando un hombre te toca. —Arthur la miró con desprecio—. Tu terapeuta le contaba todo a tu padre. Y tu padre, en su ingenuidad, me lo contaba a mí. "Pobre Savanna", decía. "Mi niña está rota por dentro".
Savanna sintió náuseas. El trauma que había intentado superar durante años, ahora estaba expuesto como una debilidad para manipularla.
—Eres despreciable.
—Soy práctico. —dijo Arthur encogiéndose de hombros—. Tienes tres días, sobrina. Aunque dudo que encuentres a alguien dispuesto a un matrimonio sin... beneficios. —Sonrió con malicia—. ¿Qué hombre querría una esposa que no puede cumplir con sus deberes conyugales? Estás dañada, Savanna. ¡Nadie se casará contigo!
Savanna levantó la barbilla y aunque aún no tenía un novio que firmara el acta de matrimonio, no permitiría que su tío le arrebatara todo lo que le pertenecía.
—Te sorprendería lo que puedo lograr cuando me propongo algo —sentenció.
—¿En serio? —Arthur sonrió dando un paso amenazante hacia ella—. Entonces sorpréndeme.
—No solo encontraré un marido. —ahora fue Savanna quien dio un paso hacia él—. También recuperaré el control total de Hayes Industries, revisaré cada decisión que has tomado en ausencia de mi padre y te sacaré del consejo. Y cuando mi padre despierte, se enterará de todo lo que has intentado hacer.
La sonrisa de Arthur se congeló.
—Disfruta tu whisky, tío. Podría ser el último que tomes en esta oficina.
Savanna giró sobre sus talones y salió, dejando a Arthur inmóvil, con el vaso a medio camino de sus labios.
—Niña estúpida —murmuró él cuando la puerta se cerró—. Igual de ingenua que tu padre.
El recuerdo se desvaneció mientras Savanna conducía bajo la lluvia torrencial. Golpeó el volante con fuerza.
—¡Maldito seas, Arthur!
Desde que su padre había quedado en coma tras el accidente de avión, su tío había maniobrado para tomar el control. Primero fueron "sugerencias", luego presiones sutiles, y ahora este ultimátum.
Savanna era hija única, y tras perder a su madre por cáncer dos años atrás, se había convertido en la cabeza de la familia Hayes.
Una responsabilidad que Arthur quería arrebatarle.
—Seguro manipuló al consejo —murmuró mientras aceleraba—. Les habrá mostrado informes falsos, números alterados. Siempre ha querido la empresa para él.
Un relámpago iluminó el cielo nocturno. La lluvia caía como una cortina sobre el parabrisas.
—Mateo tiene que encontrar a alguien. Cualquiera servirá. —dijo mientras ajustaba el limpiaparabrisas a máxima velocidad—. Un matrimonio de conveniencia, un contrato temporal...


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