Elena no sabía si sus sospechas eran correctas.
Pero tenía una cosa muy clara: no le caía bien a Vera. Es más, le tenía una envidia enfermiza.
Pero, ¿de qué servía saberlo? Había sido adoptada por los padres de Vera, lo que equivalía a que le hubieran dado una segunda oportunidad en la vida. El agradecimiento por haberla criado pesaba más que cualquier cosa.
Y Vera era la única hija biológica de Clara y su esposo, la misma que habían perdido años atrás. Desde que la encontraron, Clara y su esposo la cuidaban como a la niña de sus ojos. Aunque Elena sintiera que las cosas no eran justas, ¿qué podía decir?
De hecho, cuando eran niñas, sin que Vera tuviera que mover un dedo, Elena le cedía con gusto todas sus cosas. Ella también sentía lástima por Vera y creía que había sufrido mucho estando lejos.
Sin embargo, Vera usó sus propias tácticas para arrebatarle todo a Elena. En su momento no lo entendió; ahora que lo tenía claro, por desgracia ya era muy tarde. Había tirado tres años de su vida a la basura con un hombre como Adriano.
Pero ahora, todo eso podía terminar.
—Dejemos de hablar de eso. —Se puso de pie; su largo vestido de lino le cubría los tobillos delgados—. Adriano, hay que divorciarnos.
—¡En tus sueños!
Elena lo miró con bastante sorpresa.
Si ella pedía el divorcio, Adriano debería sentir que se quitaba un peso de encima. ¿Por qué reaccionaba de esa manera?
Adriano lo dijo sin pensar y hasta él mismo se sorprendió por un instante. Pero se recuperó rápido y dijo con una sonrisa sarcástica:
—¿Crees que nada más porque quieres divorciarte lo vas a hacer? ¿Acaso tú mandas aquí?
Elena no se iba a poner a discutir por eso. Conociendo su forma de ser, si había llegado al punto de pedir el divorcio, era porque ya lo había meditado muchísimo.
La gota que colma el vaso nunca llega sola. Elena había tragado demasiadas humillaciones antes de reunir el valor para pronunciar, por fin, la palabra «divorcio».
Ella preguntó:
—Entonces, ¿qué necesitas para darme el divorcio?
Adriano soltó una carcajada de repente:
—¿Te quieres divorciar? Va, dame un hijo y te firmo los papeles.
Llevaba tres años tragándose ese tipo de humillaciones.
Creía que ya nada de eso podía herirla, pero escucharlo otra vez todavía le abría la misma herida.
No porque todavía esperara algo de Adriano, sino por la tristeza y la pena que sentía por sí misma, al darse cuenta de que había aguantado esa vida durante tres años.
Elena bajó los ojos por un instante, y Adriano cayó en cuenta de que se había quedado mirándola más de la cuenta. Ese breve instante lo hizo enfurecer de vergüenza.
¡Elena estaba usando sus trucos de nuevo!
¿Qué, solo porque estaba un poco bonita?
No, ni de lejos era tan perfecta como Vera. ¡Exacto, Vera era la mujer más perfecta del mundo! ¡Él no se iba a dejar engatusar por ella!
—Bájale a tu teatrito, ando muy ocupado en la empresa todos los días como para venir a lidiar con tus jueguitos. —Adriano dio media vuelta para irse—. ¡Eres una manipuladora!
En cuanto él se fue, Elena sacó su celular en silencio y se puso en contacto con la tienda donde había encargado unas cosas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Abandonada por ex, mimada por el magnate