A veces, al pensarlo, hasta él mismo se admiraba.
Volvió en sí, la ira le subió de nuevo a la cabeza y caminó a zancadas hacia Elena.
—¡Elena!
Al escuchar el grito, Elena volteó a verlo.
La luz se enredaba en su cabello y la hacía ver lejana, casi imposible de tocar.
Elena guardó los bocetos que estaban en la mesa y le preguntó:
—¿Se te ofrece algo?
No estaba satisfecha con sus dibujos y se sentía un poco distraída.
Pensaba en salir un rato a comprar tela e hilo para hacerle un edredón a Vera. Todavía no lograba desentenderse por completo de los asuntos de Vera. Al fin y al cabo, habían sido los padres de Vera quienes la habían criado a ella.
—¿Le marcaste a Vera? ¿Le dijiste que nos vamos a divorciar? —cuestionó Adriano, apoyándose en la mesa y mirándola desde arriba.
Elena lo miró fijamente:
—No es a mí a quien amas, ¿qué caso tiene que sigamos casados?
Adriano le sujetó la barbilla de golpe y le habló con una frialdad cortante:
—¿Hasta ahorita te vas dando cuenta de que no te amo? ¡Hace tres años no debiste haberte casado conmigo!
—Sí, ya me arrepentí.
Al ver su rostro inmensamente hermoso y sus pestañas largas y tupidas, Adriano sintió que la irritación le hervía en la sangre.
—¿Tú te arrepentiste? ¡El que debería estar arrepentido soy yo!
Adriano la soltó, dio un par de vueltas, se arrancó la corbata con fastidio y la aventó a un lado.
Cuando encontraron y trajeron de vuelta a Vera, Elena tenía en ese entonces a tres o cuatro amigos de la infancia. Uno de esos niños era Adriano.
Elena no sabía por qué sus amigos poco a poco empezaron a hacerla a un lado; preferían a esa hermana que había regresado después de estar perdida.
Pero en aquel entonces, aunque Elena se sintiera desplazada, no se lo contaba a nadie. Siempre le habían metido en la cabeza que su hermana había sufrido mucho, así que era lógico que ahora todos la trataran de maravilla.
Pobre de ella, apenas hasta ahora se daba cuenta de que todo había sido una trampa orquestada por Vera. Nunca le tuvo envidia a Vera por ser la hija biológica de sus padres. Al contrario, la Vera que regresó la miraba como si fuera su peor enemiga.
A veces, Elena llegaba a pensar si su boda con Adriano no habría sido también parte del plan de Vera. Pero no lograba entender por qué haría algo así.
Sí, Adriano no estaba a la altura de Vera, pero ella bien podría haberlo tenido girando a su alrededor como plan de reserva. Vera tenía talento para eso. Si no, no le habría arrebatado a Elena a casi todos sus amigos en cuanto volvió.
No había necesidad de convertirlo legalmente en su cuñado, cerrando cualquier posibilidad de un coqueteo a futuro. A menos que Vera tuviera otros planes.
Porque Elena la conocía demasiado bien; Vera nunca hacía nada sin un motivo. Entonces, su intención de divorciarse, ¿acaso afectaba los intereses de Vera?
¿De qué se trataba?

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