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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 525

Macarena guardó la foto que acababa de tomar, eligió la que más le gustaba y la puso como fondo de pantalla en su celular.

No pasó mucho tiempo antes de que Ronan y Esmeralda llegaran.

Macarena llevó a la mesa los ingredientes frescos y encendió el amplio asador eléctrico en el centro de la mesa redonda. Los seis se acomodaron buscando un lugar; el espacio era perfecto para ellos.

Esmeralda no le prestó mucha atención a nadie y se dejó caer en la primera silla libre. Aunque ella y Benicio eran hermanos, sus personalidades no podían ser más distintas. Benicio irradiaba una energía cálida y accesible, mientras que Esmeralda imponía una presencia intimidante que parecía gritar que nadie se acercara. En ese sentido, a veces recordaba un poco a la actitud de Perla.

Moana, sintiéndose un poco cohibida, no se atrevió a sentarse demasiado cerca y dejó una silla vacía entre ella y Esmeralda. Perla observó la situación, lo pensó un segundo y, en lugar de irse al otro lado, ocupó ese asiento vacío entre las dos. Esmeralda le dirigió una mirada rápida, pero no dijo nada.

Con eso, las tres mujeres ocuparon exactamente la mitad de la mesa.

Desde la cocina, Benicio y Macarena salieron trayendo un plato de frutas que habían preparado especialmente para Esmeralda. Al ver la distribución, Benicio no lo pensó mucho y se dirigió a la silla justo al lado de su hermana.

Sin embargo, apenas hizo el amague de sentarse, Esmeralda le dio un discreto golpe a la pata de la silla con el pie, indicándole en silencio que dejara ese lugar libre.

Benicio se quedó sin palabras.

Disimulando, Benicio comenzó a charlar con los demás mientras se recorría hacia el siguiente asiento disponible. El movimiento de Esmeralda fue tan sutil que nadie pareció notarlo, pero Macarena fue testigo de todo el intercambio.

Ese lugar, evidentemente, no era para su hermano.

Y como el único que faltaba en la mesa era Ronan, estaba claro que Esmeralda le había guardado el asiento a él. Si eso no era interés, ¿entonces qué era?

Al ver que sus sospechas eran ciertas, Macarena se sintió sorprendida y, al mismo tiempo, muy feliz por Ronan.

En ese momento, Ronan salió del baño. Al ver que solo quedaba una silla disponible, caminó hacia ella sin darle mayor importancia. Pero justo cuando levantó la vista, vio que Macarena le hacía un gesto de apoyo con los pulgares arriba y una sonrisa de complicidad.

Él la miró completamente confundido.

—Ya estamos todos y la parrilla está caliente. Empecemos a poner la comida —anunció Benicio.

El delicioso aroma de la cena compartida no tardó en inundar el comedor.

Moana, impaciente, empezó a colocar sus cortes de carne favoritos en la plancha. Durante la cena, incluso intentó convencer a los que eran más remilgados de probar los chinchulines y la arrachera, pero tanto Perla como Benicio declinaron la oferta educadamente.

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